¿Qué implicaciones tiene la asistencia a una EXACES?

¿QUÉ IMPLICACIONES TIENE LA ASISTENCIA A UNA EXPERIENCIA ACTIVADORA de ESTRUCTURAS
O TALLER CATÁRTICO?

¿Qué modelo de ser humano se perfila más allá de lo que
se explica en una primera instancia?

Los propósitos explícitos e implícitos de las experiencias activadoras de estructuras son diversos y dependen de cada una de ellas. Así, cada Exaces y según sea su finalidad, trabaja directamente sobre el inconsciente para dimensionar los patrones de masculinidad y feminidad desde una óptica transpersonal y espiritual, para entrenar a los asistentes en focalizar el estado de consciencia necesario para poder reconocer/amar, para ampliar el conocimiento de uno mismo y para sanar los bloqueos y temores que impiden vivir con plenitud. A pesar de esta diversidad de implicaciones, podemos intentar una clasificación como la que sigue. Las Exaces facilitan:

- percibir y reforzar el sentido de la existencia vivida en la libertad real del ahora y aquí;

- actualizar profundamente la propia vida, liberándola de presiones emocionales del pasado, de angustias de estar mentalmente en el futuro y de guiones de vida prefijados;

- encontrarse con uno/a mismo/a hasta descubrir los propios e insospechados límites;

- ganar valentía y temple para Ser;

- ofrecer un punto de referencia sólido en el proceso de autocreación de cada uno/a, ayudando a los participantes a ver su objetivo final como ser humano único (¿quién soy yo?);

- mostrar uno de los caminos posibles que conducen hacia la unión de opuestos y hacia la integración de partes en conflicto de mi propia existencia (ver este punto más extenso en el Capítulo 6, “¿Qué tipo de transición ocurre dentro de uno/a mismo?”).

   La teoría que orienta los ejercicios que constituyen cada experiencia se podría resumir diciendo que el ser humano no está sano cuando deja de tener tensiones internas sino que está sano cuando se siente íntegro: cuando piensa, siente y actúa en la misma dirección. Tener dudas, inseguridad e incluso cierto nivel de ansiedad, replantearse las propias convicciones, sufrir algún tipo de tensión, etcétera, forma parte inherente de la existencia humana y es incluso necesario para la evolución. Buscar solución a tales estados -a veces incómodos- sin replantearse el sentido de la propia vida (es decir, tratar de salir de ahí por medio de ansiolíticos, antidepresivos, psicoterapias de paso o compulsiones) es no solucionar nada. Es acudir a técnicas de psicocosmética.

De forma más extensa, se pueden enumerar las siguientes implicaciones y propósitos profundos que sustentan las experiencias activadoras de estructuras:

   1. Una de las partes nucleares de cada Exaces consiste en deslizarse hacia un estado modificado de consciencia de carácter catártico. Esta necesaria descarga, la catarsis, es lo que se persigue en primera instancia en la mayor parte de experiencias activadoras: abrir oportunamente las compuertas de las emociones reprimidas y permitir su sana liberación. En general, se trata de pulsiones atrancadas en el inconsciente por sucesos o actos que denominaremos Sucesos Bloqueantes, eventos que suelen ubicarse en el paisaje del periodo infanto-juvenil de la vida y aún más tarde. La existencia humana, en su forma ideal, debería ser un permanente proceso de cambio adaptativo, de transformaciones, de fluir, de actualizarse. Pero la realidad dista mucho de ello. Las personas van construyendo a su alrededor un muro invisible que, si bien al principio es de carácter defensivo para no sucumbir a los múltiples hechos dolorosos que nos golpean (abandonos, reprimendas, humillaciones, soledad y miedo), acaba siendo un muro inclusivo que tampoco permite salir nada de su ahogado interior. Al final, las emociones y los afectos ni salen ni entran. Todo se reduce a repetir patrones psicológicos y de comportamiento fijos, que se han descubierto como reacción eficaz en alguna situación y en un momento dado del pasado y se han automatizado, permitiendo no sentir dolor ni tristeza, pero tampoco dejando entrar la alegría, el amor ni la empatía con los demás. Los gestos están vivos en el momento en que nacen, dentro de un contexto y en un momento específicos, luego son ya pasado que ha perdido parte del sentido que los originó y de la vida que los animó.

   Así pues, por Sucesos Bloqueantes se entenderá cada acto vivido y decisión tomada consciente o inconscientemente que ha ido cerrando el paso al fluir permanente de las emociones, al recibir y al dar. Aunque con ciertas diferencias, es equivalente a lo que en términos psicologistas se denomina experiencias traumáticas.

La consecuencia más habitual -no la única- que tienen los sucesos bloqueantes son las promesas negativas que uno se hace a sí mismo/a: “NO diré más lo que me está pasando aunque reviente porque los demás se burlan de mí y me siento aún peor”, “NO permitiré más que esto me suceda”, “NO me entregaré más al amor porque cuando después me dejan…” Este tipo de promesas jalonan el periodo infanto-juvenil y luego pasan al inconsciente, se olvidan, pero siguen actuando sobre el cuerpo y sobre la psique, constituyendo una parte importante del guión que luego sigue la vida de cada persona. El ser humano va perdiendo así capacidad de adaptación y de experimentar la vida real a medida que va sumando autopromesas derivadas de sucesos bloqueantes.

La vida sólo es real, plena y sana cuando la persona es capaz de conocer y vivir con consciencia sus emociones, sean agradables (gozo de vivir, éxtasis, orgasmo) o sean desagradables (ira, tristeza, miedo). El hecho de expresar las emociones es un problema distinto que el de sentirlas y reconocerlas y que, a menudo, depende del entorno. La expresión emocional puede ser ficticia, como sucede con los actores y al revés, puede haber una gran intensidad psicológica pero el individuo no exteriorizar nada. Las emociones, cuando son vividas con integridad y sinceridad forman un paquete único: si se suprimen las desagradables, se reprimen todas. No hay opción. En los talleres, la experiencia catártica permite liberar la presión de las emociones reprimidas y llevarlas a la consciencia. Es una de las funciones que tenían los ritos de paso de la mayor parte de sociedades tradicionales. Una Exaces, en primera instancia, es abrir las compuertas de la represa emocional y dejar fluir lo que contiene según su orden natural, evitando deslaves peligrosos. En los talleres se hace de forma segura, en un recipiente humano, emocional y físicamente acolchado: este es el sentido del ritual. De ahí que tantos participantes descubran profundas sensaciones de amor, libertad, rabia, alegría, empatía, tristeza o claridad sobre su mundo interior, y ganen en determinación tras la experiencia. De ahí también que tras los talleres, a menudo, se experimenten estados de ánimo tristes o un tanto depresivos: se abrió la puerta al fluir emocional y brota todo. Todo. A veces se tardan unos pocos días, a veces más, en elaborar e integrar estos estados anímicos, lo que conlleva la necesidad de trabajar con este sorprendente material psíquico y espiritual antes de cerrar los talleres y también después.

El comentario suele ser unánime: es preferible tal estado vivo y despierto, aunque la vida duela en algún sentido, a seguir en el anterior territorio de insensibilidad emocional y, a menudo, también de abotargamiento sensorial. Así, la primera implicación que subyace a las Exaces es la de despertar y reavivar la sensibilidad y la vitalidad de los concurrentes.

   2. En segundo lugar, un hecho objetivo es que la (casi) totalidad de seres humanos viven según los automatismos adquiridos al inicio de la vida y se dedican a apuntalarlos el resto del tiempo. Como escribió G. Gurdjieff, los humanos son meras máquinas, como mínimo, hasta que no se dan cuenta de ello y lo aceptan. Sólo, y tal vez sólo entonces, empiezan a buscar una salida creativa a los automatismos que regulan su existencia. La libertad real, el estado de felicidad y el Ser realizado no vienen dados por la biología, como las piernas o el color de la piel, sino que hay que descubrirlos, trabajarlos y crearlos durante la vida de cada persona. Es un trabajo permanente de atención a mí mismo, como tocar un instrumento musical con virtuosidad: sólo se consigue si cada día se trabaja en ello. Aunque cada individuo sienta que actúa de acuerdo a su personalidad y que es libre en sus decisiones, desde la antropología clásica hasta la moderna psicología han puesto de relieve que es una burda fantasía. Cierto es que cada ser humano es literalmente único y tiene la posibilidad de ser libre, pero esto es sólo un potencial que debe desarrollar, lo mismo que la memoria o unos músculos abdominales fuertes. Nacemos con un potencial abierto a innumerables posibilidades, pero sólo se llega a ser aquello que desarrollamos. Y para ser hay que desarrollar la consciencia. En realidad, es muy fácil prever la reacción de una persona ante un estímulo externo concreto (una mirada, una palabra, un anuncio publicitario), aunque ella crea que responde de tal forma por convencimiento personal.

   A muchos/as les resultará difícil aceptar este hecho, el ciego robotismo humano, en especial a los que suelen denominarse “personas con carácter”. Este tipo de individuos son los más rígidos y automatizados. Se dice que alguien “tiene carácter” justo cuando (¡pobre!) su comportamiento es altamente predecible. Así, el primer paso para intentar liberarse de la vida automatizada consiste en descubrir y observar los propios automatismos. Este es otro objetivo profundo de las experiencias activadoras: propiciar que cada participante, en la medida que pueda y quiera, realice una serie de ejercicios tan divertidos como sorprendentes que le han de permitir objetivar sus propios comportamientos y reacciones. Su manera de construir el mundo. Con ello se consigue que cada participante tome consciencia de sus reacciones mecánicas. Dado que hay diversos niveles de automatismo en la vida humana, cada individuo reconoce aquellos que está dispuesto y preparado para observar, y cada vez que atraviesa una nueva Exaces suele descubrir una capa mas profunda de tales actos robotizados obteniendo, a cambio, un mayor grado de libertad. Este proceso de simplemente desvelar subsecuentes automatismos suele llenar los primeros talleres a los que asiste el epopte.

Without magic we are robots. Our choices are predictable
(aforismo galés: “Sin magia somos robots. Nuestras elecciones son predecibles”).

3. Al hilo del parágrafo anterior, se puede afirmar que una característica básica de la naturaleza humana es la sugestibilidad: la debilidad ante las influencias externas, la tendencia a seguir a la multitud y dejarse imbuir por la masa en el propio sentir. Sugestibilidad significa pensar y actuar como reacción a casi cualquier tipo de estímulo exterior que encaje con los automatismos que rigen mi existencia, sin tener mayor consciencia de la propia acción ni de mi necesidad de realizarla; sin que la verdadera fuerza de voluntad, precedida de una mirada crítica, sea la que impulsa la acción (la mayoría confunden fuerza de voluntad con un vulgar deseo intenso). Así por ejemplo, los occidentales no reaccionan a los llamados del islamismo fundamentalista pero lo hacen a las campañas publicitarias de modas de vestir o a las campañas políticas, comprando lo que en realidad nunca van a necesitar y votando sin saber, la mayor parte de veces, qué votan. El mecanismo es el mismo: la sugestibilidad.

   Este factor se ha convertido en la actualidad en una verdadera amenaza para la propia humanidad y para la existencia del resto del mundo. Gracias a los avances de los medios de comunicación, la masificación es hoy extrema. Una de las consecuencias de ello es que se está diluyendo la capacidad de tomar iniciativas personales, de resolver los problemas que nos afectan con creatividad y de esforzarse en alguna vía de individuación. Hoy es posible controlar la mente de las personas (reacciones, pensamientos y emociones) hasta tal punto que resulta desastroso tanto para las masas que se dejan someter a tal sugestibilidad extrema como para los que la ejercen. La famosa obra 1984, de George Orwell, y la universal novela de Aldous Huxley Un mundo feliz describen, cada una a su manera, los límites de esta situación. Por su parte, C.G. Jung avisó del peligro actual de que los Estados están robando el alma de las poblaciones; la gente siente, dice y hace sin mayor criterio que lo que los Estados les imponen. Ambos pensadores observaron y hablaron de este amenazante desequilibrio hace ya más de medio siglo, y en lugar de renacer el espíritu creativo individual la situación se ha agravado de una forma en extremo alarmante. Únicamente hay que observar con espíritu crítico el demencial contenido de los programas televisivos de más audiencia.
No es que la sugestibilidad sea el centro de todos los problemas que sufre el ser humano, pero tal característica, llevada al extremo en que se da hoy, deriva en una debilidad psíquica mucho más grave de lo que la mayoría está dispuesta a admitir. Por ejemplo, hay un índice de psicopatologías y de enfermedades psicosomáticas dramáticamente más elevado que en cualquier otro momento de nuestra propia historia (tal vez exceptuando la época en que el tribunal de la santa Inquisición extendió sus diabólicas zarpas sobre la población europea) y más elevado que en cualquier otra sociedad de las llamadas primitivas. La triste dependencia de los individuos que se observa a todos niveles -dependencia del Estado, del cónyuge, de las agencias de seguros, de los cuerpos de seguridad y demás- no está lejos del origen del tan preocupante como pasmoso aumento de enfermedades degenerativas, tales como Parkinson, Alzheimer, demencias precoces y demás. Los enfermos de cáncer aumentan cada año un 1’85% y se sabe cada vez con mayor certeza que los aspectos psicológicos del ser humano están en la base de esta temida enfermedad.

   Otra de las consecuencias de la sugestibilidad extrema es la desaparición del temple, término que ya casi está también en desuso. En este sentido, un tercer objetivo de las experiencias activadoras de estructura es ayudar a los participantes a ganar temple como freno a la devastadora sugestibilidad. El temple es una capacidad que el ser humano puede desarrollar pero, lo mismo que el acero con que se manufacturaban los buenos sables antiguos, no le viene dada. El temple consiste, en primer lugar, en ser capaz de mantener la propia identidad (consciencia de lo que se siente y se piensa) y la propia determinación ante los estímulos externos (en la medida en que los propios límites lo permiten). En segundo lugar, la templanza permite mantenerse siendo uno/a mismo/a sin rigidez, con la elasticidad necesaria. Ambos factores, dureza o fuerza y elasticidad combinados con destreza componen el temple. Si un ser humano es rígido, se hunde ante el primer impacto más fuerte que él. Para salvarse necesita flexibilidad. Si es demasiado sugestionable o débil los estímulos externos lo arrastran, carece de rumbo propio. Las Exaces ayudan a templar el carácter y también a descubrir qué otras actividades realizar tras los talleres para ir acrecentando esta capacidad, factor imprescindible para desarrollarse como ser humano de una forma individual, libre y creativa.

   4. La mayor parte de potenciales que conforman al ser humano consciente sólo pueden desarrollarse de una forma sana en un contexto colectivo respetuoso. En cambio, la tendencia actual en Occidente es la de aislar los individuos en espacios y vidas vacías, dirigidas tan sólo hacia el consumo de bienes materiales, consumo de ocio, de creencias y de teologías. Pero el proceso de individuación exige dirigir conscientemente una parte del tiempo y de la propia energía vital a estar con y a ayudar a los demás, como forma de un higiénico salir de uno/a mismo/a.
Dada la actual situación en Occidente de soledad y aislamiento, muchas personas sienten la necesidad de ayudar a los demás sin saber cómo realizarlo. Es una necesidad fundamental insatisfecha, lo cual multiplica el sentimiento de soledad y la necesidad de ser necesitado, que viene a tapar la propia vacuidad y es origen de diversos trastornos psicológicos. En las Exaces, cada participante ayuda a los demás y es ayudado en diversos sentidos. Por un lado, los ejercicios preparatorios propios de cada taller o sesión Inascia se han diseñado para ser realizados en pareja o en grupo, lo cual implica que cada uno de los componentes ayuda y es ayudado por los demás a realizar los ejercicios. Por otro lado, el hecho de atravesar la experiencia catártica acogido por el recipiente humano que forman los demás asistentes, permite que cada uno reconozca las emociones puras que se desvelan en los demás resonando dentro de sí mismo. Esta forma de compartir genera una espiral de liberación y de descarga emocional que no sería posible aisladamente. Cada uno/a, trabajando en su propio proceso ayuda a los demás ayudándose a sí mismo.
Al compartir libremente las propias vivencias extáticas en las sesiones de dinámica grupal se genera lo que en psicología, como se ha comentado anteriormente, se denomina efecto espejo (u open mind): lo que los demás explican de sí mismos ayuda a que resuene dentro de cada uno/a. Así se suman esfuerzos y saltan a la consciencia aspectos de la propia experiencia que de otro modo podrían quedar ocultos. Las vivencias individuales que cada uno comparte con los otros ayudan a que, entre todos, se forme una elevada consciencia grupal resultado de la suma de verdaderas individualidades. Este proceso es justo lo contrario de lo que sucede en la vida cotidiana, donde la mente individual es ofuscada por contenidos introducidos desde el exterior, en especial por medio de la televisión, dejando poco o ningún espacio para el desarrollo de la consciencia real y para el proceso vital de autocreación.

Además de los beneficios propios de trabajar en grupo, esta dimensión colectiva de las experiencias activadora de estructuras tiene diversos beneficios más:

a) se descubre la forma de integrarse en un grupo que es la suma de individualidades responsables y cuyo único fin es el desarrollo de la propia existencia, sirviendo de modelo para otras relaciones externas al taller;

b) se genera una profunda solidaridad y empatía, creándose lazos casi perennes de fraternidad y compadrazgo entre los componentes de cada grupo. Estos lazos son del tipo de lo que en antropología se denomina grupos de edad (grupos que pasan juntos los ritos de transición en las sociedades tradicionales, hermanándose de por vida);

c) la relación grupal, en muchos casos, se mantiene tras el taller, creando una red de personas que se apoyan mutuamente en el interés por trabajarse hacia la libertad y la individualidad consciente y responsable. Así por ejemplo y de forma espontánea, diversos grupos de asistentes a los talleres de cinco días han creado listas de correo en Internet para estar en contacto permanente entre ellos, compartiendo sus vivencias más íntimas, ilusiones, viajes y experiencias vitales. Hasta la fecha se observa que grupos que pasaron juntos una Exaces permanecen en contacto intenso hasta tres años más tarde, habiéndose convertido en auténticas células sociales de comprometido apoyo mutuo.

“Recuerdo estos días, la extraña fuerza que tuve mientras hice ese inicio del Camino [de Santiago] este verano. Me levantaba cada mañana [en los albergues para caminantes], desayunaba y reía con los demás pero, sin dudarlo, cada día arreglaba la situación para partir, para empezar mi jornada sola.
A veces me decía Cómo eres Nidia, podrías esperarlos y partir con éste o con aquélla. Pero algo en mi [interior] me decía que no. Que el Camino ya los iría trayendo o me daría nuevas compañías para el viaje; cada día, cada momento el que tocara. Yo debía comprender que cada cuál tiene su propio camino. Debía aprender a partir cada mañana sola, aunque lloviera a cantaros y la noche aún estuviera cerca.
Algunos días me alcanzaba alguien y me acompañaba durante toda la jornada. A veces era yo quien acoplaba mi ritmo a otro [caminante]. También hubo días en que todos pasaban de largo y otros en que me paré a reposar [acompañada]. Y en esa transacción de ritmos, aprendí que uno no puede acelerar demasiado por miedo a perder a los que van a ritmo más ligero, ni tampoco puede ir siempre esperando a los que vienen detrás… Una u otra opción tarde o temprano nos joroba. (…).
Había algo muy mágico en esas noches en los albergues… Hacía recuento de las personas reencontradas otra vez, y recordaba el rostro de las que habían avanzado ya hasta el siguiente pueblo. Quizás mañana los vea, quizás no, me decía a mí misma con una sonrisa algo triste por esa duda, pero a la vez también picaronamente alegre por esa misma duda.
Hay también algo mágico en cada encuentro con cada uno de vosotros [con los que he compartido los talleres], algo mágico en esa peculiar familia a la que por lo menos mentalmente siempre voy a poder recurrir para encontrar reposo, fuerza y mucha compresión para aceptar, tolerar, perdonar y amar al ser humano que soy y a los que me rodean.
El otro día me explicaban las pocas posibilidades que tiene un árbol de sobrevivir al ataque de una plaga si se encuentra aislado y no dentro de un bosque…”
(Relato de N.G. mujer de 28 años.)

   5. El siguiente fin implícito que se persigue con las Exaces es el de dar un paso -el primero o uno importante, depende de cada asistente- en el proceso de autocreación personal. Al hilo de lo narrado en líneas anteriores sobre el automatismo y la sugestionabilidad fundamental del ser humano, cabe ahora dar otro avance en la explicación.

   De forma natural, la existencia humana tiende hacia la felicidad. De hecho, una de las pocas definiciones aceptable y genérica de felicidad la hizo el filósofo J.A. Marina, al afirmar que lo que define la inefable felicidad es que es lo que busca todo ser humano saludable. Por otro lado, la verdadera felicidad implica ser vivida en paz y libre de miedos e inseguridades, con lo que no hay otro camino para alcanzarla que por medio de la libertad responsable y la individuación consciente. Pero tales estados del ser humano -nunca me cansaré de recordarlo- son sólo potenciales, no vienen dados. Cada persona debe crearse a sí misma y ello debe entenderse como un trabajo permanente para compensar la naturaleza entrópica o desorganizadora del tiempo.

El paso del tiempo conduce al estrechamiento de las posibilidades y a la pérdida gradual de la libertad en el mundo. Un recién nacido de cualquier raza tiene el campo abierto y solo circunscrito por los flexibles límites biológicos propios de la especie humana: puede llegar a ser un silencioso e intuitivo cazador de cerbatana como lo son los adultos en los pueblos amazónicos, un elástico y agresivo jugador de balonmano de primera división, un estático monje zen capaz de permanecer silenciosamente sentado durante siete horas ante una pared blanca sin dormirse y sin enloquecer o un sesudo filósofo conceptual cuya vida se llene con elucubraciones sobre los límites de la lógica formal ignorando el llamado de las emociones. Pero a los veinte años de edad estas posibilidades se habrán recortado substancialmente y a la edad de sesenta ya (casi) no podrá ser otra cosa que lo que haya ido desarrollando durante su tiempo anterior. Somos prisioneros de nuestra propia historia. Si el tiempo de vida de alguien ha transcurrido en una constante reacción ciega a los estímulos externos de acuerdo a los automatismos que le fueron progresivamente implantados desde el nacimiento, habrá perdido casi toda posibilidad de ser libre y, por tanto, de Ser. De ahí, pues, que deben existir seres capaces de actos creadores y, en especial, de autocrearse, de regenerar el proceso entrópico. Este potencial creativo es el único que permite al ser humano ejercitar su voluntad, es decir: hacer según los propios impulsos conscientes, autónomos y comprometidos. En este sentido, otra finalidad de las Exaces es ayudar a los epoptes a salir por un tiempo corto, el de la propia experiencia, de su cárcel biográfica y vislumbrar un modelo de sí mismos que no sea el resultado de actos mecánicos: es la verdadera visión transformadora o epopteia para los helénicos.

La ciencia ha puesto de relieve que el proceso creativo básico en todos los ámbitos del cosmos es autopoyético, autocreativo. El ser humano no es distinto a ello. Así pues, el sentido que damos aquí a la palabra creación es algo distinto al popular. Crear significa desarrollar de forma novedosa algo que sólo está latente en forma de una voluntad de ser y que va siendo durante y gracias al propio proceso creativo. Dicho en otras palabras, las cosas son lo que parecen y cada uno es lo que hace. Otra acepción que también usamos aquí del verbo crear se refiere al intento de estar completamente presente en cada acto que se realiza ya que, como dijo Elie Faure, el único ser humano absolutamente libre, si se pudiera concebir tal ser humano, sería aquel en el que ni un gesto tuviera trazas de imitación, en el que cada gesto fuera un acto creativo en todas sus dimensiones.

Las experiencias activadoras de estructura, además de facilitar la observación de los propios automatismos, de liberar las presiones emocionales por medio de los estados modificados de consciencia y de propulsar el desarrollo del temple necesario para todo ello, permiten también darse cuenta de la importancia de este hecho: de la necesidad de dirigir atención, tiempo y energía vital al proceso de autocreación. Este proceso acaba cuando acaba la propia vida y es la única dimensión que da auténtico sentido a la existencia humana: el único sentido de la existencia humana es iluminar con la luz de la consciencia la oscuridad del mero existir.

  6. Finalmente, cada participante en éstas experiencia rituales, en la medida en que puede, gana estabilidad emocional, seguridad en sí mismo/a, orientación vital y libertad. Con ello se convierte en un modelo de persona que ha iniciado -o ha dado un paso más- en su proceso de autoconstrucción, sirviendo como punto de referencia a las demás personas de su entorno.

Conversación de gitanos:

– ¿Cómo vamos, compadrito?

– Dando vueltas al atajo.

Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:

despertar.

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