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.Me es en extremo difícil simplificar mis preferencias, soy un goloso de la vida, del gozo, de la belleza y del amor. Simplificar implica un escoger y un desechar, lo cual depende del momento, la compañía y el lugar. Cito las preferencias más importantes para mí hoy, sin que ello signifique que aquí acaban. Hay muchas maneras de preferir y, desde luego, no lo haría con personas. No obstante, espero que sirva de orientación.
Al final del año, escucho mucha música en relación a los talleres de respiración holorénica y seminarios de músicas y etnomusicología, pero también hay huecos en mi agenda para escuchar músicas que me llenan mi vida de gozo, de belleza y de bienestar. Gozo con la música: a esta me refiero aquí.
En música espiritual, en general la música sufí turca, y en especial Oruç Güvenç. La música compuesta por Beinsa Douno es también, para mí, un bálsamo de gran belleza y armonía espiritual. Por otro lado, escucho con frecuencia música de piano compuesta por G. Gurdjieff y grabaciones de cantos ortodoxos de diversas tradiciones: la tensión contenida y la hermosa conexión con el corazón que transmite la música ortodoxa me llena muchas horas. A veces, también me alegra escuchar música de Snatam Kaur, muy femenina. También está entre mis preferencias la música de flauta de Rakesh Chaurasia.
En música sinfónica, apuesto por mi contemporáneo Patrick Cassidy. De los clásicos por A. Mozart y J.S. Bach (en especial, las suits para chelo en interpretación de Pau Casals). También me ayuda a vivir la música de Lisa Gerrard y la de Vangelis, dos estilos completamente distintos pero ambos vivos y no puedo olvidar el gozo musical de nuestro contemporáneo Arvo Pärt, en especial Spiegel im spiegel, de Alina ¡sublime!
En música moderna, me declaro fan de Eric Clapton para disfrutar de música bien compuesta e interpretada; del grupo danés Safri Duo y del percusionista nigeriano Babatunde Olatunji cuando me apetece bailar. Es tierno percibir como Olatunji ama el mundo a través de su percusión, y me hace pensar que Dios debió ser el primer percusionista. Escucho Keith Jarrett y Brian Eno cuando mi alma pide algo hermoso y sereno. Tampoco dejo de lado la música latina llena de vida y, en general suelo escuchar mucha música de piano: me deja pensar y ver a la vez que disfrutarla.
No me suele quedar demasiado tiempo para leer literatura, pero me atrevo a nombrar a Hermann Hess, John Fowles (en especial El mago), Rainer Maria Rilke y la poesía de los inmortales Machado y Rumi. También leo textos de Idries Shah y de axiología o filosofía de los valores, además de los relacionados con antropología, enteógenos, psicoterapia, cognición y espiritualidad. Otros autores a los que releo con frecuencia son P.D. Ouspensky (de quien me atrevo a recomendar la lectura de su novela La extraña vida de Ivan Osokin); C.G. Jung y su discípulo contemporáneo Robert A. Johnson, quien me ha ayudado a entender más a Jung disfrutando de una buena lectura.
También leo con frecuencia las obras de literatura del gran genio de las religiones comparadas que fue Mircea Eliade. Su obra literaria ha pasado desapercibida al lado de la magnitud de sus estudios científicos, pero es de una sutileza que fuerza el alma del lector a llegar a ella. En especial, he releído con placer la historia de amor de su juventud en India, Maitreyi, y luego la respuesta que dio a esta obra Maitreyi Devi, la musa de R. Tagore, en forma de otra novela de amor Mircea. Admiro y leo con placer las novelas de G.K. Chesterton y también es de mi preferencia la poca obra escrita de Peter Brook, a pesar de lo limitada que es.
Podría seguir nombrando más y más autores. No lo haré por pudor a los más que excelentes que dejaría de nombrar.
Sin dudarlo, Ecuador. Hace más de 20 años lo visité por primera vez, algo de este país y de mi corazón entraron en resonancia y ahí sigue. Creo que es el segundo país más bonito de la Tierra, además de tener las Islas Galápagos que son restos de paraísos encantados. Ecuador es un país pequeño con unos 14,5 millones de habitantes que tiene selva amazónica, Andes inmensos y altísimos siempre nevados, con varios picos que superan los 5.000 m., costa tropical en el Océano Pacífico… y mucha diversidad étnica. Amo este país.
Además de Ecuador, el Kurdistán es otra zona de la Tierra que me llena de paz y de admiración todas las veces que voy. Los kurdos son un pueblo limpio e íntegro, espiritual e inteligente. No me extrañó descubrir que nuestras tradiciones religiosas hayan situado ahí el Paraíso Terrenal: los ríos Tigris y Éufrates atraviesan esta región. Lástima que los enfermizos intereses políticos y económicos, y la avaricia asesina por el petróleo crudo hayan puesto sus ojos en esta montañosa región de aire y corazón limpios.
Hay otro buen número de lugares que llevo en corazón (Konia –Turquía-; Manizales –Colombia-; los valles del Todra –Marruecos-; Montsegur –Francia-…). En cuanto a lugares más los pueblos que los habitan, mi preferencia se decanta por Grecia y los griegos. El país está lleno de rincones y regiones que forman parte de mi propio pasado ancestral, pero que viven aun conmigo (Delfos, Atenas, Patrás, Esparta, Creta, Tesalónica) y de imágenes que han templado mi existencia: Ulises y su viaje a Itaca, los dioses del Olimpo y su inmensa carga de humanidad… Por otro lado, el pueblo griego actual tiene una mezcla de realismo a ultranza, buen humor, respeto a los demás, saber mirarse a los ojos cuando hablan y una fuerza del pasado que ya no es, que les permite gozar de la vida sin por ello caer en la autocomplacencia y vivir buscando la belleza y el placer genuinos en el día a día.
Más cerca… mi preferencia es el Parc Natural del Montnegre (Catalunya-España), donde ahora resido: en el día a día es mi paisaje favorito. El mar está a 20 minutos de casa, los salvajes bosques de castaños, alcornoques, robles, avellanos, encinas, pinos y madroños llenan de hermosura mis tardes, cuando estoy en casa y salgo a pasear por ellos. Las salidas del sol desde el mar y las puestas tras las montañas del Montseny, donde pasé parte de mi infancia, son un recuerdo que me llevaré más allá de la Vía Láctea.
Por encima de todo ello, amo a mis amigos y al Creador de todos los mundos, a mi hija y a mi compañera, a la belleza y a las cosa bien hechas, al Arte cuando me conecta con lo Indescriptible y siento un agradecimiento sin límites a las generaciones precedentes que han dejado una Tierra aun hermosa. Espero que las generaciones siguientes puedan decir lo mismo de nosotros.
Siempre vuestro,
Dr. Josep Mª Fericgla