Nuevo libro: La ayahuasca al auxilio del alma occidental

A final de año o inicios del 2018 está previsto que salga el nuevo libro de Josep Mª: “La ayahuasca al auxilio del alma occidental“, publicado por Kairós. Aquí os ofrecemos un fragmento en que habla del modo chamánico de consumir el enteógeno. ¡Disfrutadlo!

“Las culturas chamánicas conciben que el mundo está formado por energías, poderes o seres invisibles a simple vista que habitan distintos estratos de realidad y que son los que realmente configuran los acontecimientos visibles. Nada sucede por azar. Si una persona está caminando por la selva y sufre el golpe de una rama que se desprende justo cuando pasa por debajo, no es casualidad: algún chamán enemigo, por medio de saetas o dardos mágicos, ha dispuesto esta rama de manera que provoque una herida a esa persona en concreto al caerle encima. No importa que la rama esté seca o que estuviera casi rota en su base y ha soplado un viento fuerte que la ha acabado de arrancar en aquel momento: todo esto son elementos que ha coordinado el chamán con su poder personal para causar daño a la víctima escogida.
En el mundo animista la realidad es concebida como la superposición de varios estratos o realidades independientes aunque conectados entre ellos. Durante los sueños nocturnos, gracias al efecto de la ayahuasca o por medio de otras prácticas ascéticas y visionarias las personas atraviesan la débil membrana que separa los diferentes estratos o realidades y pueden moverse por ellos. Así por ejemplo, entre los pueblos shuar y achuara de la alta Amazonía ecuatoriana era tradición —perdida a finales del siglo XX— que a los pocos días de haber nacido, el padre o algún adulto próximo al bebé le diera a chupar un algodón impregnado con un poquito de ayahuasca «para que no olvides cuál es el mundo verdadero, para que lo recuerdes siempre y no te confundas mientras vivas». Naturalmente, el mundo verdadero, el mundo en el que se dan las causas de lo que después vivimos como fenómenos aislados pero que sólo son las consecuencias, es el que se percibe y se conoce bajo los efectos de la ayahuasca, bajo el efecto visionario de las diversas Brugmansias cuya savia consumen o a través de los sueños nocturnos. En cambio, el mundo que se percibe con los sentidos ordinarios —dicen los shuar— es un mundo que sólo está construido por apariencias, por espectros, por reflejos o consecuencias de lo que sucede en el mundo real. Esta práctica iniciática que se desarrolla a lo largo de la vida —más todo lo que conlleva que tiñe completamente el mundo tradicional shuar—, estaría en pasmoso acuerdo con las propuestas actuales del físico J.P. Garnier Malet que habla del desdoblamiento del tiempo y de las aperturas temporales que nos han de permitir vivir en dos realidades a la vez. En una de ellas —la realidad inconsciente o aquella en la que el tiempo es millones de veces más rápido que en la otra— se configura lo que habrá de suceder en la otra, la más lenta o realidad de la consciencia cotidiana.
Hasta donde sé, ningún pueblo indígena amazónico habla de planta maestra ni usa expresiones similares para referirse a la ayahuasca. La mixtura es considerada un recurso para vomitar y limpiarse los intestinos, o un medio para visionar la realidad esencial, esa realidad aún no materializada y que es donde están las causas que más tarde se reflejarán en los acontecimientos de la vida ordinaria. Así, por ejemplo, el vocablo ayahuasca es de origen quichua y viene a significar ‘liana que lleva al lugar de los muertos’; entre los asháninca del Perú la mixtura se llama Kamarampi, que proviene del verbo kamarank, ‘vomitar’; entre los shuar del Ecuador se denomina natemª, que tiene relación semántica con ‘bejuco’ y con ‘sueños nocturnos’; en Colombia se conoce como yagé, término tucano y kampsá que proviene de su mito de origen, y caapi entre los desana, de los que se tomó el nombre vernáculo para designar la liana en terminología botánica, Banisteriopsis caapi. Honi es el término en idioma de la etnia huni kunis, asentada en Perú y Brasil para referirse a la decocción (BRUCE LAMB, pág. 194); y honi zuma, en idioma de los remos o inicuinis de las riberas del río Rapiche, Perú y Brasil. Y cada uno de estos vocablos tiene una aventura etimológica propia y un sentido distinto, además de referirse a la mixtura visionaria.
Un indígena shuar de la Amazonía ecuatoriana o un tukano colombiano suponen que lo que han visto bajo el efecto de la ayahuasca les va a suceder porque lo han visto bajo el efecto del enteógeno. Es decir, en su idiosincrasia no conciben que haya un destino predeterminado que se pueda conocer a través de las visiones, como quien mira la bola de cristal o consulta un especialista en astrología o en estadística, sino que para estos pueblos humanos el futuro es una hoja casi en blanco sobre la que escriben el guión de su vida por medio de las visiones que tienen. Así pues, si en el transcurso de una sesión una persona tiene atisbos indeseables sobre su futuro, toma ayahuasca de nuevo para tratar de tener buenas visiones que se sobrepongan a las anteriores y así configurarse un futuro deseable. Si lo intenta varias veces y siempre tiene malas visiones sobre su futuro, infiere —no sólo cree— que algún chamán enemigo le ha prefigurado tal nefasto porvenir como venganza y que él no dispone de la fuerza personal necesaria para cambiarlo. ¿Qué puede hacer? Acudir a un chamán más poderoso y pagarle de alguna manera para que borre tal doloroso futuro y pueda escribir de nuevo el guión de su vida.
Aquí, el texto merece un pequeño alto para aclarar que poderoso es un adjetivo que hay que entender aplicado siempre a la propia persona que ejerce de chamán. En los pueblos animistas, poder no tiene un sentido económico, ni social, ni material, ni de jerarquía dentro del esquema de funcionarios o de una doctrina: siempre es poder personal. Esto implica que el sujeto tiene una serie de virtudes tales como carisma, temple y especialmente autocontrol en todo sentido y en todo estado de consciencia, pulcritud en las acciones e intenciones, inteligencia, conocimientos avanzados y una actitud de servicio a los demás. Se podría incluso afirmar que el chamanismo es una forma de relación social basada en la ayuda y servicio a los demás, cuyo foco está puesto en la supervivencia.
Este juego de realidades construidas con el poder que deriva de la intención humana interactuando con las fuerzas de la naturaleza es la base de la cognición animista. Imagino que más de un lector pensará: «Vaya, es justo lo que están promulgando nuestros físicos: lo que uno piensa con intensidad se convierte en realidad». En efecto, es muy posible que no esté tan lejos una manera de concebir la realidad —la animista— de la otra —la cuántica—, pero sí lo están ambas de la manera de entender el mundo por parte del occidental medio que es el que piensa lo anterior. En algunos ambientes pseudo-científicos muy de moda actualmente, se recurre frívolamente a la física cuántica en apoyo de fantasías psicológicas y de cierto esoterismo vacío y popular, sin tener una idea precisa de lo que han verificado y de lo que proponen algunos científicos cuánticos (físicos, biólogos, mecánicos e ingenieros, entre otros), ya que tampoco todos los físicos están de acuerdo. Sea como sea, en el mundo cuántico se habla del desdoblamiento del tiempo y de las aperturas temporales que nos permiten tener recuerdos del futuro y prefigurar el futuro (véase la obra del físico mencionado anteriormente, GARNIER MALET, 2012 y 2012), pero todo ello está lejos de la fantasía propia de cierta inmadurez psíquica, que lleva a suponer que lo que uno desea se hace realidad sin más.
No me extenderé sobre la manera de tomar ayahuasca y de entender sus efectos y finalidades en los pueblos indígenas amazónicos y andinos de donde es originaria. He escrito minuciosamente sobre ello en textos antropológicos ya publicados (por ejemplo: Al trasluz de la ayahuasca, 2004; o Los jíbaros, cazadores de sueños, 2016).
En todo caso, resumo en pocas palabras que la concepción animista y chamánica de los efectos de la mixtura no es asumible por el occidental medio, porque está excesivamente lejos de su estilo cognitivo. De ahí que, en términos generales, las ofertas de tomar ayahuasca al estilo chamánico que inundan el mercado occidental actual, en la mayor parte de los casos, son obras de teatro con decorado exótico, son ficción. Es como vender viajes a la luna teniendo el carburante pero sin disponer de nave espacial, de pista de despegue ni de los conocimientos necesarios para pilotar. No obstante, estas ofertas siempre recuerdan que, como dicen los sufíes, si se vende oro falso es porque existe el oro verdadero. De ahí la necesidad y la urgencia por desarrollar un modo genuinamente occidental y útil de tomar la mixtura extatogénica.”
–Josep Mª Fericgla

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