{"id":2667,"date":"2026-01-27T10:50:38","date_gmt":"2026-01-27T10:50:38","guid":{"rendered":"https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/?p=2667"},"modified":"2026-01-27T10:50:39","modified_gmt":"2026-01-27T10:50:39","slug":"vivir-como-dignatarios-de-algo-mayor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/2026\/01\/27\/vivir-como-dignatarios-de-algo-mayor\/","title":{"rendered":"VIVIR COMO DIGNATARIOS DE ALGO MAYOR"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"302\" src=\"https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/logo-FUNDACI\u00d3-FERICGLA-SdEA-1024x302.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1650\" style=\"width:248px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/logo-FUNDACI\u00d3-FERICGLA-SdEA-1024x302.jpg 1024w, https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/logo-FUNDACI\u00d3-FERICGLA-SdEA-300x89.jpg 300w, https:\/\/josepmfericgla.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/logo-FUNDACI\u00d3-FERICGLA-SdEA-768x227.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Dr. Josep M\u00aa Fericgla<\/p>\n\n\n\n<p>Soy y me s\u00e9 un superviviente de otra \u00e9poca. Si los j\u00f3venes actuales encuentran la vida m\u00e1s f\u00e1cil o m\u00e1s complicada, m\u00e1s agradable o m\u00e1s desdichada que yo en mi juventud no est\u00e1 bien que lo diga porque realmente no lo s\u00e9.\u00a0<br>          En cierto modo, es evidente que la vida actual, de la misma manera que el vestuario, la sexualidad, la m\u00fasica y la comida, se ha simplificado en extremo si lo comparo con lo que era normal en mi primera juventud. Se ha dado una descomunal transformaci\u00f3n que, seg\u00fan se mire, puede parecer un alivio o bien un atormentado vac\u00edo. De forma muy resumida, el cambio consiste en que, hoy en d\u00eda, poqu\u00edsimos j\u00f3venes, por no decir ninguno, se sienten frente a los dem\u00e1s o incluso frente a s\u00ed mismos, como representantes de algo que no sea su propia y limitada individualidad. Su identidad es personal, sin cargar ning\u00fan simbolismo o representaci\u00f3n de algo m\u00e1s profundo y grave. Es decir, el entusiasmo, el orgullo o el sentimiento que conllevaba representar a esta o aquella instituci\u00f3n, pa\u00eds, etnia o incluso familia, por muy fuerte que se sienta hoy el amor hacia la familia, han desaparecido en la mayor\u00eda de la gente. En su lugar, quiz\u00e1 sea el sentimiento pasajero y perif\u00e9rico de pertenecer a\u00a0<em>una tribu urbana<\/em>\u00a0adoptando las formas de un grupo musical u otra moda trivial lo que les hace sentirse pertenecientes a tal o cual movimiento est\u00e9tico sin m\u00e1s, ya que ni tan solo se sienten representantes de una clase social como suced\u00eda en la generaci\u00f3n anterior. Tal vez, de esta generalizaci\u00f3n se pueden excluir los miembros de la aristocracia, all\u00ed donde a\u00fan la hay, o de la casta militar.\u00a0<br>          Cuando yo era joven, por ejemplo, tanto mi abuelo como yo nos sent\u00edamos representantes de una naci\u00f3n, la catalana. A la vez, nos sent\u00edamos parte de una familia y \u00e9ramos conscientes del privilegio de pertenecer a esta naci\u00f3n y a esa familia, as\u00ed como de la responsabilidad que derivaba de ello. A menudo, resulta que hoy debo insistir para que j\u00f3venes catalanohablantes usen nuestro idioma materno en lugar del castellano, m\u00e1s extendido, o del ingl\u00e9s, m\u00e1s\u00a0<em>chic\u00a0<\/em>por ser el idioma moderno, y cuando les argumento que si nosotros, los catalanes, no defendemos nuestra pobre lengua habl\u00e1ndola y escribiendo en ella nadie lo har\u00e1. Lo entienden, pero suelen sorprenderse por mi proceder en tanto que representante de algo mayor, como encarnaci\u00f3n viva de una lengua que no es solo la m\u00eda, sino que es nuestra sagrada herencia cultural de la que me hago responsable a mi nivel. Creo que posiblemente este modo de experimentar la vida haya desaparecido o se encuentre solo en los museos de antropolog\u00eda.<br>          Sin duda, las\u00a0<em>viejas formas de vivir<\/em>\u00a0\u2014en cualquier caso, hasta dos o tres generaciones anteriores a la m\u00eda\u2014, es decir, el vivir seg\u00fan las tradiciones que uno hab\u00eda heredado y se aten\u00eda a ellas, es algo que ha se perdido totalmente. Los valores de los que cada persona era representante, de los que era un s\u00edmbolo vivo, y las tradiciones que los englobaban se han diluido completamente o quedan simples restos muy fr\u00e1giles y reconvertidos en objetos de consumo folcl\u00f3rico.\u00a0<br>          Las tradiciones que daban sentido a la vida y que aglutinaban armoniosamente las personas que las encarnaban, constitu\u00edan lo que actualmente, tal vez, denominemos un \u00abgrupo humano de pertenencia\u00bb, y han resultado incapaces de resistir la cat\u00e1strofe de la globalizaci\u00f3n. De ah\u00ed la desesperaci\u00f3n de los j\u00f3venes por sentirse miembros de alg\u00fan grupo, como sea.\u00a0<br>          La cuesti\u00f3n que hoy me planteo es si, en alg\u00fan momento, volver\u00e1n a surgir valores fuertes bajo otras formas y nombres, si nuestros hijos y nietos, cuando tengan la edad de ser adultos, volver\u00e1n de nuevo a luchar bajo un escudo, una bandera y unos valores, sea que sea su color, o si ser\u00e1n simples individuos desenraizados llevados por el inconsecuente viento de las modas y del consumismo como los veo hoy.<br>          Por ejemplo, creo que las mujeres de los viejos tiempos, sobre todo las m\u00e1s manifiestas de entre ellas, se sent\u00edan representantes de algo m\u00e1s grande, eterno y santo que ellas mismas, gracias a lo cual ten\u00edan una fuerza y una importancia \u2014al margen de la personal o individual\u2014 que las hac\u00eda sentirse orgullosas y dignas, d\u00e1ndoles un gran sentido de responsabilidad en tanto que mujeres. Eran el s\u00edmbolo de algo sagrado que iba m\u00e1s all\u00e1 de su individualidad. Ni la arrogancia de las actuales mujeres j\u00f3venes con su \u00abempoderamiento femenino\u00bb, ni la rigidez vac\u00eda de las viejas se\u00f1oras occidentales del siglo XIX las hac\u00eda sentirse dignas de lo que representaban, de la carga simb\u00f3lica que les otorgaba el destino, de ser portadoras de la Vida. Este papel, en tanto que representantes de algo mucho mayor que ellas, era algo que no sent\u00edan por cuenta propia porque carec\u00edan de la vanidad personal y del individualismo narcisista que hoy lo inunda todo. Su orgullo \u00abcomo mujeres\u00bb era semejante al que se siente por un escudo nacional o por algo grandioso que uno simboliza. En aquellas \u00e9pocas, se pod\u00eda disculpar perfectamente una ofensa personal, pero era imperdonable una afrenta a la Santa Feminidad de la que ellas se sent\u00edan representantes. En una bofetada dada a una mujer hasta se pod\u00eda encontrar cierta gracia, pero jam\u00e1s a un beso robado. Son muy pocas las j\u00f3venes que, en nuestros d\u00edas, sienten alg\u00fan resto de estos valores por mucho que la legalidad actual parezca refrendarlo permitiendo a las mujeres \u00abdefender su feminidad\u00bb a base de demandas contra los hombres que, seg\u00fan ellas, les faltan al respeto.<br>          A pesar de las m\u00faltiples demandas y de la globalizaci\u00f3n del\u00a0<em>me too<\/em>\u00a0por todo Occidente, creo que hay pocas mujeres j\u00f3venes cuya consciencia y sentido moral les inducir\u00eda a dar la misma respuesta que su bisabuela, y esto es porque ya no sienten que su feminidad es el punto de gravedad m\u00e1s sagrado de la Naturaleza. El concepto de \u00abhonor femenino\u00bb ya no tiene para ellas ninguna importancia, ni apenas ning\u00fan sentido profundo.<br>          En una de las narraciones de Blicher, mencionada por Karen Blixen que escribi\u00f3 con el seud\u00f3nimo de Isak Dinesen, explica como el joven noble de Blicher habr\u00eda elegido la muerte antes que, por ejemplo, colgar su escudo de nobleza del cuello de un cerdo, pero actualmente no creo que encontrase un solo arist\u00f3crata en todo el mundo, por lo menos en los pa\u00edses occidentales, que no estuviera dispuesto a ello con la mayor indiferencia moral imaginable si de esta forma salvaba la vida, el dinero de sus amigos o el suyo propio. Resulta que su deber y sus valores m\u00e1s altos ahora est\u00e1n a otro universo.<br>          Por muy bellos y grandiosos que fueran los ideales de aquellos viejos tiempos, los cierto e indudable es que, como se suele decir, la sal ha perdido su sabor. Esto lo prueba el hecho de que son las gentes de segunda divisi\u00f3n quienes todav\u00eda dicen esgrimirlos.<br>          As\u00ed, por ejemplo, las mujeres que hacen de su sexo su mayor fuerza y dan a su \u00abvirtud femenina\u00bb m\u00e1s importancia que a su honor y a su honra puramente humanas, a mi modo de ver, en absoluto pertenecen en los tiempos actuales a la \u00ab\u00e9lite femenina\u00bb de la humanidad. Una mujer de los viejos tiempos, as\u00ed como un hombre de aquellas \u00e9pocas, antes se comportaba como representante de su g\u00e9nero en el sentido arquet\u00edpico, que dejarse arrastrar por sus gustos o simples tendencias individuales. Como me coment\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n un anciano ind\u00edgena amaz\u00f3nico: \u00abun hombre, para ser hombre, debe cuidar de los suyos\u00bb. Sin m\u00e1s. El valor definitorio de la virilidad en este pueblo, y yo dir\u00eda que es extensible a toda la humanidad, casi excluye las pretensiones individuales, dando una magnitud atemporal al hecho de \u00abser hombre\u00bb. Un hombre cuida de los suyos. Cumplir con ello es lo que le hace hombre, no hay espacio para los caprichos personales. Y, por su lado, la mujer deb\u00eda dejarse cuidar por su hombre, incluso deb\u00eda pedirle que la protegiera si era necesario, con ello se cerraba la responsabilidad de ambos.\u00a0<br>          De todas formas, y sea como sea, es seguro que la gente actual ha perdido los valores que daban fuerza y peso a sus vidas y que, presumiblemente, en muchas ocasiones les hac\u00edan m\u00e1s felices a nivel individual facilitando la convivencia entre las personas. Un matrimonio no era la uni\u00f3n de dos simples individualidades, sino que era la uni\u00f3n c\u00f3smica de lo masculino y lo femenino representados por el esposo y la esposa. La consciencia de ser un hombre catal\u00e1n, o de ser un miembro del honrado gremio de tejedores de cestas o, pongamos por caso, una mujer honesta o una madre de familia, ha servido para que mucha gente se mantenga firme en sus puestos y les ha dado una afortunada sensaci\u00f3n de amor propio y de dignidad, al contrario de lo que sucede con los j\u00f3venes de hoy en d\u00eda que descansan solamente sobre su humana y simple individualidad. No tienen nada m\u00e1s que ofrecer. Se ha perdido la excelencia y la grandeza, conceptos que est\u00e1n en el origen de la dignidad.<br>          Creo que, en gran medida, fue la aceptada santidad e importancia de la familia en su esencia lo que hizo el matrimonio de los viejos tiempos, sino m\u00e1s feliz, por lo menos m\u00e1s llevadero. La joven desposada entregaba a su novio algo infinitamente m\u00e1s que su propio y aislado valor personal, aportaba a su nuevo hogar un aroma eterno \u2014hoy casi inapreciable\u2014, el valor y la dignidad inviolables de la \u00abesposa\u00bb. Lo equivalente referido al esposo. Y el punto central de su vida en com\u00fan no estaba tanto en la simpat\u00eda o antipat\u00eda personal que se despertaban, como en la relaci\u00f3n misma entre el hombre y la mujer representantes de algo superior simbolizado, si se quiere y por criticable que sea ideol\u00f3gicamente hoy, por la caja de costura de ella y por la pipa y el peri\u00f3dico de \u00e9l. Por as\u00ed decir, los dos se encontraba en su matrimonio como embajadores de dos grandes potencias, nutridos por el reconocimiento y la mutua consciencia de la fuerza universal y los valores que les apoyaban.<br>          La vida conyugal actual, sea que las dos personas se hayan casado o simplemente unido, es entre dos meros individuos humanos \u2014y, a menudo, entre dos meros a secas\u2014 sin m\u00e1s contenido. Es una vida que tiene otros valores y otro contenido que el de los viejos tiempos, si es que tiene alguno. Lo que me despierta serias dudas es si resulta posible para la gente en general vivir con alg\u00fan provecho y profundidad, tanto humana como personalmente, sin que se les haya asignado ning\u00fan papel en la vida.<br>          Hace un tiempo pude experimentar lo que he comentado en las l\u00edneas anteriores, el hecho de vivir siendo s\u00edmbolo y representante de algo mayor. Lo cuento y con ello acabar\u00e9. Resulta que estaba en mi centro, el campus Can Benet Vives, dirigiendo una edici\u00f3n del taller cat\u00e1rtico para Despertar a la vida a trav\u00e9s de la muerte, rito inici\u00e1tico actual que cre\u00e9 hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os, cuando se me acerc\u00f3 una se\u00f1ora malhumorada de mediana edad, participante en el taller, para informarme que alguien del taller o del campus le hab\u00eda robado un valioso reloj de pulsera. Que hab\u00eda dejado el reloj en un estuche y que lo hab\u00eda encontrado en un sof\u00e1 de la entrada abierto y sin la joya dentro. La escuch\u00e9 con calma y le suger\u00ed que buscara bien entre sus cosas. La se\u00f1ora se irrit\u00f3 ante mi calma, supongo que esperaba que me sumara a su b\u00fasqueda medio enajenada. Insisti\u00f3 en que alguien del campus o del grupo le hab\u00eda robado el reloj. Le repet\u00ed que buscara bien en la sala, por el suelo y en su habitaci\u00f3n. Al cabo de un rato regres\u00f3, esta vez con su esposo, tensa e insistiendo en lo mismo, que alguien le hab\u00eda robado el reloj y dando una serie de detalles para sustentar su narraci\u00f3n. Con mucha calma y firmeza, porque estaba completamente seguro de ello, le dije: \u00abEn casa, nadie roba nada. Mi gente no roba. Haga memoria de d\u00f3nde lo dej\u00f3\u00bb. En aquel momento sent\u00ed lo que he tratado de describir en las l\u00edneas anteriores. No estaba hablando desde mi simple individualidad, ni tal vez enojado por la insultante insistencia de la mujer, ni evitando que se hablara mal de mis actividades profesionales, no. Sent\u00ed la profundidad y la fuerza de enfrentarme a alguien en calidad de representante vivo e impersonal de unos valores y de un colectivo que los asume. En la frase \u00abmi gente no roba, en casa nadie roba\u00bb, pronunciada desde el coraz\u00f3n, sin atisbo de egocentrismo, con el sano orgullo de saber que todo lo que representa Can Benet Vives y los valores que enarbolamos cada uno de los miembros de este colectivo \u00absoy yo\u00bb. A trav\u00e9s de mi actitud se estaba expresando la digna representaci\u00f3n de algo m\u00e1s elevado que mi simple personalidad.\u00a0<br>          Como era de esperar, al poco rato, la mujer encontr\u00f3 su valioso reloj en el mismo lugar donde ella lo hab\u00eda ocultado unas horas antes para evitar que se lo sustrajeran. Simplemente lo hab\u00eda olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Quito, a 25 de enero, 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dr. Josep M\u00aa Fericgla Soy y me s\u00e9 un superviviente de otra \u00e9poca. 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