Pautas para alargar la vida con salud y amor

Estos días he estado leyendo un informe de la OMS, la Organización Mundial de la Salud. Según los datos bastante recientes de este organismo, datos del 2015, las mujeres españolas son de las más longevas del mundo. Tan solo viven un poco más las japonesas de la isla de Okinawa y las mujeres de Singapur. Me vienen a la cabeza varios comentarios chistosos sobre la probable influencia de esta longevidad femenina frente al deterioro masculino pero los voy a dejar para otro momento.
Lo cierto es que hay rinconcitos en el mundo que son conocidos por la inhabitual longevidad de sus habitantes. En la jerga especializada se los conoce como ‘zonas azules’. Cuando, hace años, me especialicé en gerontología social o antropología de la ancianidad recuerdo que me interesé por las características de las zonas azules. Creo que a todos nos apetece vivir los máximos años posibles mientras la vida valga más la pena que morir. Así por ejemplo, son zonas azules la isla griega de Ikaria, el valle ecuatoriano de Vilcabamba, la isla japonesa de Okinawa, la zona italiana de Barbagia en Cerdeña, algunos valles centrales del Cáucaso o Loma Linda en California, EEUU. En estas regiones de centenarios, además de vivir más tiempo que en el resto del planeta, la gente suele ser un poco más feliz, viven más tranquilos y de forma más saludable, virtudes que casi siempre caminan de la mano.
Por esto —y tal vez porque voy haciéndome mayor— he realizado un resumen de los factores comunes en todo el mundo que están en la base de tal longevidad y bienestar. Indudablemente hay otras variables además de las que voy a comentar, como la genética, pero las que he usado como guía para mis amigos ya que son las que aparecen regularmente en todas las regiones longevas.
Además de lo que sigue, hay otras indicaciones saludables que algunos llevamos puntualmente a la práctica y que alargan la vida como, por ejemplo, guiar nuestra vida de acuerdo a ciertas pautas espirituales y psicológicas como, por ejemplo, desarrollar y mantener un sentimiento de autoestima equilibrado y saludable, usar el tiempo de modo creativo y con presencia, ser generosos sin llegar a derrochar, tomar consciencia de los propios actos, de lo que los motiva y del objetivo que nos mueve a ellos, no malgastar ni los recursos, ni el tiempo ni hacer esfuerzos en vano y, especialmente, tratamos de vivir en comunidades pequeñas unidas por una misma energía y en contacto con la Naturaleza.

TEMPORALIDAD EQUILIBRADA
Para llevar una vida equilibrada, lo ideal es dividir el día en cuatro partes de seis horas cada una. Sé que no es fácil aplicarlo a nuestras vidas ajetreadas —y, con frecuencia, demasiado autocomplacientes—, pero es el patrón que usamos de modelo y que aplicamos siempre que se puede.
—Seis horas al día han de estar dedicadas a actividades espirituales, al Trabajo. En ellas se incluyen las actividades artísticas e intelectuales que estén relacionadas con el crecimiento interior, no como negocio o estudios técnicos.
—Seis horas dedicadas al trabajo u ocupación laboral.
—Seis horas más dedicadas al descanso, básicamente a dormir, a abrir un espacio para contactar con el Doble, con el inconsciente a través de los sueños, para renovarnos.
—Seis horas para actividades sociales, comer, visitas, ejercicio físico si lo necesitamos, para compras y todo lo demás con lo que llenamos nuestro tiempo cotidiano.

COSTUMBRES LONGEVAS
Aquí reúno las costumbres saludables que se observan entre la gente más longeva del mundo y que resultan relativamente fáciles de aplicar en nuestra vida diaria. Naturalmente, se trata de normas generales que, en cada individuo, tal vez deban ajustarse para que sean efectivas. Por ejemplo, si alguien tiene el hígado enfermo y débil y el bazo hecho trizas no es una buena idea que consuma alcohol a diario, a pesar de que está entre las recomendaciones para la longevidad. Veamos.

ALIMENTACIÓN PARA LA LONGEVIDAD
—Beber uno o dos vasos de vino tinto del día, no más. Beberlos con calma, mejor entre amigos o familiares. El mejor vino para alargar la vida es el Cannonnau, de Cerdeña, por tener el mayor contenido en polifenoles que protegen el sistema cardiovascular. En este sentido, los habitantes de Barbagia, la zona de Cerdeña donde se produce el Cannonnau, están entre los humanos más longevos.
—comer sin llegar a llenarse el estómago, de manera que nunca os lleguéis a sentir hartos. Es decir, los longevos no tragan hasta el hartazgo. Algunos pueblos nunca se llenan más del 80%, teniéndolo como pauta milenaria. Incluso hoy día es norma básica en el entrenamiento de los astronautas, llenarse el 80%. Por ejemplo, ciertos grupos de centenarios japoneses de Okinawa ingieren raciones pequeñas y tienen la costumbres de servir la comida en un lugar algo apartado de dónde se come para evitar las tentaciones.
—en general lo más saludable es desayunar abundante, comer menos y a partir de media tarde comer poco o nada. Como se suele decir, para alargar la vida hay que: desayunar como un rico, comer como un burgués y cenar como un pobre.
—los centenarios comen verde. La verdura y las leguminosas —habas, garbanzos, lentejas, soja…— son básicas en la dieta de los longevos. El promedio de ingestión de carne que se ha observado, especialmente de cerdo, es de cinco veces al mes. En la actualidad se observa que también deben reducirse los carbohidratos, especialmente los que, como los azúcares, se asimilan con gran rapidez provocando una aceleración en el proceso de envejecimiento.
—incluir abundantes frutos secos en la dieta. En algún caso de entre los grupos más longevos incluso suelen comer habitualmente mantequilla de nuez.
—los centenarios beben agua abundante y de calidad.
—los pueblos longevos siguen dietas ricas en omega 3 y si toman productos lácteos (leche, queso, yogurt, kéfir…) siempre son de leche de cabra u oveja, nunca de vaca. La leche de vaca, a pesar de ser la más recurrida en Occidente, tiene una cadena proteica muy larga de difícil absorción en el intestino humano lo que, ya a corto plazo, la convierte en tóxica.
—debemos incluir en la dieta diaria probióticos naturales. Los mejores, es decir los que se ha observado que forman parte de la dieta en la regiones longevas, son el kéfir de agua, proveniente de las zonas longevas del Tíbet; la kombucha proveniente del Lejano Oriente, conocida también como hongo manchuriano, hongo de té u hongo chino (es la Medusomyces gisevi, consistente principalmente en cepas de Bacterium xylinum); y el yogur de cabra o de oveja, consumidos en el Cáucaso.
—hacer micro ayunos semanales ayuda a estar mejor de salud y también alarga la vida. Es habitual que, sea por razones religiosas o por razones prácticas, los pueblos longevos suelen hacer una o más veces por semana ayunos de un mínimo de 16 horas seguidas sin comer. En Occidente, es tan simple como saltarse la cena una o varias veces por semana. Esta práctica ayuda a limpiar el hígado y descansa el sistema digestivo que, a fin de cuentas, es un sistema diseñado para un trabajo de carga y descarga, no para estar funcionando de continuo.

VIDA SOCIAL
—la familia es lo primero. Dar mucha importancia a la familia o al grupo de pertinencia alarga la vida. Las personas más longevas del mundo viven la pertenencia a su grupo de iguales con compromiso, proximidad e intensidad y, además de las ventajas que conlleva estar cerca de la familia para alargar la vida, también reduce la mortalidad infantil y permite que los ancianos están mejor cuidados. No solo se trata de la familia consanguínea, sino del clan al que se pertenece, de la fraternidad religiosa o del grupo de edad al que se pertenece en algunos pueblos.
—vivir con pausas, sin prisas y en una estado emocional sereno. El estrés acidifica el cuerpo y produce monocitos, un tipo de células que inundan la sangre y provocan inflamación, lo que, por ejemplo, se nota al estar engripado. De ahí que el estrés crónico envejece prematuramente a las personas tanto como el enfadarse desproporcionadamente. La mejor indicación para llegar a centenario es mantener las emociones y la expresión emocional en una especie de nivel natural sereno, facilitando que fluyan. Las emociones siempre deben salir, deben fluir.
—la actividad física es otra de las claves. Hacer ejercicio físico de baja intensidad y constantemente. Los centenarios no practican ningún deporte, sino que cuidan huertos, caminan, pescan, llevan animales de pastoreo o trabajan en el bosque. Es la mejor pauta para cuidar el cuerpo: ejercicio de baja intensidad y frecuente, lo cual disminuye el riesgo de diabetes, eleva los niveles de colesterol ‘bueno’, favorece la actividad de la insulina, previene la hipertensión y ayuda a mantener los telómeros largos —regiones localizadas en el extremo de los cromosomas—, previniendo el envejecimiento.
—los longevos tienen una vida social activa y con sentido. Mantienen el foco puesto en la relación de colaboración y solidaridad con los demás, lo que les ayuda a mantenerse activos, útiles y a alimentar el sentimiento de pertinencia. De ahí que un factor universal en los centenarios es que sus redes sociales son extensas e incluyen varias generaciones.
—la mayoría de pueblos longevos viven a una altura de entre 1.100 y 1.500 msnm., en contextos naturales con los que mantienen una intensa relación.

ESPIRITUALIDAD
—la espiritualidad y la fe ayudan a vivir más tiempo y mejor. Es habitual entre las personas que viven más años formar parte de una comunidad religiosa y llevar a cabo prácticas espirituales tales como meditación, ritos y demás. El mero hecho de participar en actividades religiosas, y por varios motivos, añade años a la vida y vida a los años.
—tener una razón fuerte para levantarse cada mañana. Tener un buen propósito para vivir concretado en el día a día. Los japoneses de Okinawa lo denominan ‘ikigai’, que significa ‘la razón para levantarse cada mañana’. En la península de Nicoya, otra zona azul en Costa Rica, los denominan ‘plan de vida’ y los ancianos lo conciben como un motor que les empuja en el día a día. En Ikaria, la isla griega donde además de longevidad también se observan los índices más bajos de demencia del mundo, los ancianos dicen que viven tanto ‘porque tienen un motivo y se olvidan de morir’.
—en resumen, para vivir muchos años es útil dedicar un tiempo diario y semanal al cultivo del mundo interno. En Loma Linda, California, se olvidan durante 24 horas por semana de todos sus problemas, practican el Sabbat —entre los judíos, es el día semanal de fiesta dedicado al culto divino y al descanso—, y se reúnen para pasear por la naturaleza y charlar amigablemente de su religión. De paso, refuerzan sus costumbres y afianzan los lazos que les unen. La religiosidad es una especie de terapia de grupo que, por sí sola, no hace la vida más larga pero en combinación con los factores mencionados más arriba, sí.

No puedo decir que sea un deseo intenso de mi parte pero tampoco me desagradaría que, a medida que pase el tiempo y si el Creador lo ve con buenos ojos, Can Benet Vives se convirtiera en una pequeña zona azul o, por lo menos, en una fraternidad de centenarios y centenarias. Os invito.
Dr. Josep Mª Fericgla

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