Ayahuasca, embarazo y lactancia

AYAHUASCA, EMBARAZO Y LACTANCIA

Dr. Josep Mª Fericgla

Fundació J.Mª Fericgla
Societat d’Etnopsicologia Aplicada

 

Agradezco a las numerosas personas que han aportado información personal o etnográfica para el presente texto, así como a las que han actuado de intermediarias entre los informantes y el autor. Gracias a todos y a todas.

 

I.

Hay una pregunta de comprensible interés en relación al consumo de ayahuasca. ¿Resulta beneficioso, es indiferente o tiene secuelas tóxicas para los bebés lactantes que la madre consuma la extendida mixtura panamazónica? ¿Existe alguna fuente fiable de datos a la vista de los artículos y noticias dispares, habitualmente alarmantes y contrarias a que la mujer embarazada o lactante tome ayahuasca? ¿Hay experiencias previas que sirvan de referencia? Son buenas preguntas, ahora se necesitan buenas respuestas. El presente texto tiene por finalidad arrojar alguna luz sobre este tema específico.       

Revisados los textos publicados que tratan el tema con pretensión de cientificidad y repasado también algún artículo de mera divulgación, la respuesta es que, con tres excepciones, además de mencionar el tema muy de pasada, los textos consultados reflejan los habituales prejuicios idiosincráticos del Occidente actual —todas las drogas son perjudiciales—, no atendiendo la realidad empírica. El único artículo humanista examinado, resultado de investigación de campo, que no bombardea a las mujeres embarazadas con los consabidos mensajes negativos, es “Los niños de la reina ayahuasca y embarazo: un informe preliminar” (de EAKES MEYER, M., y MEYER, M., en Ayahuasca y salud, de LABATE B.C. y BOUSO, J.C., 2013, Liebre de Marzo, Barcelona). Hay otros tres artículos, producto de sendas investigaciones de laboratorio realizadas con crías de ratas, que arrojan un resultado similar: el consumo de ayahuasca por parte de madres lactantes no parece mostrar ninguna toxicidad en sus hijos. Incluso se observa lo contrario. Una de las investigaciones de laboratorio realizada con ratas concluyó que el «uso de ayahuasca por parte de las madres durante el embarazo y la lactancia redujo la ansiedad general y (…) promovió en las crías de ratas una mayor sensibilidad para el inicio y propagación de la actividad convulsiva» (ver: “Neurobehavioral, relexological and physical development of Wistar rat offspring exposed to ayahuasca during pregnancy and lactation”, DIZIOLI RODRIGUES, C., QUEIROZ, C., SOUZA, M.H., et al.2011, en Revista Brasileira de Farmacognosia / Brazilian Journal of Pharmacognosy21(6): pág. 1065-1076, Nov-Dec 2011).

Y resulta que ofrecen resultados similares las dos siguientes investigaciones:

1) “Safety and Side Effects of Ayahuasca in Humans—An Overview Focusing on Developmental Toxicology”, de GUIMARAES DOS SANTOS, R., 2013, en Journal of Psychoactive Drugs, 45 (1), 68–78, 2013, donde el autor concluye que «la administración aguda de ayahuasca, así como el consumo a largo plazo de esta bebida, no parece ser seriamente tóxico para los humanos. Aunque algunos estudios sobre el desarrollo en humanos sugirieron posibles efectos tóxicos de la ayahuasca o de alguno de sus alcaloides, la literatura existente sobre adolescentes expuestos a la ayahuasca en el útero materno no reporta efectos tóxicos a raíz del consumo ritual de la infusión».

2) «Consumption of Ayahuasca by Children and Pregnant Women: Medical Controversies and Religious Perspectives”, de LABATE, B.C., 2012, en Journal of Psychoactive Drugs, del 11 de octubre. En este artículo, la autora puso de manifiesto que el consumo de ayahuasca resultó letal para las ratas de laboratorio preñadas cuando se les administró«en dosis iguales o superiores a 4 veces la dosis única humana (4X) tomada por un adulto durante la ceremonia religiosa de la UDV.». Ante esta desmesura y como suelen decir los políticos, no comment.

 

II.

Por un lado y por motivos de sobras conocidos, la ayahuasca no debe ser incluida en la lista de «drogas de abuso». Ni tan solo en la lista de «drogas» según lo que se entiende por este turbio y socialmente peyorativo concepto. Por otro lado, el consumo de la mixtura de origen amazónico no solo no es perjudicial para los embriones o bebés lactantes, sino que, según se desprende de diversas fuentes etnográficas consultadas, es claramente beneficioso para los bebés y para las madres, como se expone más adelante y a pesar de la información contraria que se difunde desde algunos semilleros occidentales.

Así por ejemplo —y sin profundizar en tales diatribas—, en el folleto divulgativo «Hacia mejores prácticas en el uso de la ayahuasca», publicado por la fundación ICEERS 2019, folleto con ánimo de divulgación objetiva y clarificadora, se dedica solo media página a los beneficios del consumo de ayahuasca y prácticamente tres páginas a los riesgos. ¿Refleja la realidad de forma ecuánime? No. Hay numerosos y rigurosos estudios de farmacología, bioquímica, antropología y uso psicoterapéutico de la ayahuasca, incluidas algunas investigaciones promovidas por la misma fundación ICEERS, que ponen incuestionablemente de relieve los numerosos beneficios del consumo adecuado de ayahuasca (ver: Ayahuasca, la realidad detrás de la realidad. Usos en psicoterapia, de FERICGLA, J.Mª, 2018, Kairós; o ver: “Translational evidence for ayahuasca as an antidepressant: what’s next, por GUIMERAES DOS SANTO, R., y BOUSO, J.C., 2019, en Brazilian Journal of Psychiatry; o ver:GÓMEZ-SOUSA, M, JIMÉNEZ-GARRIDO DF, et al., 2021, “Adverse Reactions in First-Time Ritual Ayahuasca Users: A Prospective Case Series”, en Acute Psychological J Clin Psychopharmacol Mar-Apr 01;41(2):163-171).

Los beneficios psicosomáticos (especialmente emocionales), sociales y espirituales derivados del consumo adecuado de ayahuasca son conocidos desde tiempos inmemoriales por las más de setenta etnias amazónicas consumidoras tradicionales de la mixtura visionaria, de ahí que una significativa y típica denominación genérica para referirse a ella es «la medicina» o «el remedio». 

Tras enumerar los potenciales riesgos que, según este folleto, tiene el consumo de ayahuasca, se afirma que «no es aconsejable que lo tomen las embarazadas y las mujeres lactantes». Tal recomendación es muy matizable pero, en todo caso, se puede interpretar como un mensaje de prudencia en un folleto divulgativo que forzosamente ha de ser políticamente correcto, y es más aceptable aun cuando al final del texto, el folleto informa que algunas sociedades amazónicas consumen la mixtura durante el embarazo y la lactancia, manteniendo ciertas contenciones marcadas por sus tradiciones. El problema es que a partir de ello y sin más argumentos se salta a la afirmación de que el consumo de la ayahuasca supone un «Riesgo alto para la lactancia» en la web <http://e-lactancia.org/>, portal consultado por numerosas personas por los buenos consejos que ofrece  —tal vez en otros ámbitos— a las madres lactantes.

En este popular portal de asesoramiento a mujeres lactantes se declara que «la DMT tiene propiedades alucinógenas y simpaticomiméticas similares al LSD pero de más corta duración». A esta afirmación sin fundamento cabe contraponer el hecho de que la DMT es solo uno de los principios psicoactivos de la ayahuasca, no el único, y que no tiene relación con la LSD ni desde el punto de vista químico, ni farmacológico ni psicológico, excepción hecha de que ambas substancias pertenecen a la amplísima familia de los psicótropos enteógenos o psicodislépticos. Además de ello, en la mencionada web se califica la ayahuasca como «NoATC T01: Droga psicotrópica de abuso», cuando no hay ningún dato que ni tan solo permita suponer la adictividad de la ayahuasca. Todo lo contrario. Es imposible que una droga que desvela los abismos interiores del sujeto sea una droga de abuso. Además, se está usando con éxito para el tratamiento de las adicciones a las verdaderas drogas de abuso. Tales afirmaciones erróneas y alarmistas invitan a poner en duda cualquier otra información que pueda seguir sobre la ayahuasca y la lactancia en la citada web.

Más adelante, se asegura que el riesgo de intoxicación y de fallecimiento es grave, y mayor aun si el uso de ayahuasca es con fines recreativos y la DMT es inhalada (citas de la misma web: LANARO 2015, ARAÚJO 2015). La web remacha la falsa alarma citando diversas guías y asociaciones consultadas que organizan ceremonias-retiros de ayahuasca o que tienen interés en su difusión, y que, siempre según la fuente mencionada, desaconsejan formalmente la toma de ayahuasca durante el embarazo y la lactancia: ICEERS, Ayahuasca Retreat Perú, ConsumoConCiencia, OM-Mij, Mistical Ayahuasca… No cabe añadir a esta lista alarmista ni la Fundació J.Mª Fericgla ni la casa Etno-Ahuano, ni los numerosos indígenas andinos y amazónicos consultados.

De nuevo es de suponer que tales avisos y consejos se deben más a un curarse políticamente en salud, como se suele decir, que a una prevención basada en un conocimiento real de los efectos de la ayahuasca en la lactancia. Es como quien avisa de que ir en bicicleta lo condena a uno a caer y dañarse. Todos lo sabemos y hacemos lo posible para evitar caer, siendo así que extrañamente caemos, pero el fabricante de bicicletas tiene la obligación de indicarlo hasta el punto de que, a veces, ver tal escrito en grandes letras pegado a la bicicleta despierta una sonrisa sarcástica, «¿Hará falta que me avisen de que la bici no se sostiene sola?».

 

III.

Realizando una revisión de la información científica disponible de carácter farmacológico o biológico, se descubre que,a fecha de hoy, no existe ningún dato publicado sobre la posible influencia de la ayahuasca en la leche materna en humanos. Y este es, obviamente, un paso previo y fundamental para poder comprender y afirmar algo objetivo sobre su bondad o toxicidad en los bebés. En resumen, toda información sobre la «segura toxicidad de la ayahuasca en lactantes» forzosamente ha de contener, como mínimo, una simple suposición o directamente una parte de falsedad.

A pesar de ello, en la web mencionada —que uso de ejemplo, pero que no es el único foro donde se habla en tales términos— se insiste indicando que si se toma ayahuasca: «hay que extraer y desechar la leche del pecho regularmente y alimentar al lactante, idealmente con la reserva de leche materna previamente extraída días antes o, en su defecto, con una fórmula artificial». Y sigue el tono alarmista con estas palabras: «Hay momentos durante el retiro de ayahuasca en los que madre y/o padre no estarán en condiciones de cuidar adecuadamente de su bebé». Naturalmente, pero ello escapa a la realidad ya que, por un lado, esta indicación confunde la supuesta toxicidad de la ayahuasca en lactantes con la disponibilidad fáctica para atender al bebé por parte de una madre o de un padre que estén bajo el efecto de la medicina, y se trata de cosas distintas. Me atrevo a afirmar que cualquier consumidor de ayahuasca sabe que, durante la fase del efecto intenso que dura entre 30 min. y 1,5 horas, no podrá atender a su bebé con la misma atención y prestancia que cuando está en un estado sobrio. De la misma manera que la madre sabe que no puede atender a su hijo o hija pequeña mientras ella está durmiendo o cuando está conduciendo el coche familiar. A la vez que conduce un coche, la mamá lactante no está en condiciones de atender totalmente a su hijo, de ahí que lo asegure en la pequeña silla portabebés, pero no por ello se le ocurre a nadie afirmar con rotundidad que una madre lactante razonablemente sensata no pueda conducir vehículos por ser peligroso para el bebé. 

No me adentraré en explicaciones farmacológicas ni bioquímicas sobre el efecto de la ayahuasca en los lactantes cuando es ingerida por la madre, simplemente porque no hay investigaciones en este sentido y, además y aunque las hubiera, solo sería una parte de la visión total de la realidad.  

Hay textos tan pretenciosos como de poca fiabilidad en los que se puede leer cosas del tipo: «Los efectos secundarios observados <tras el consumo de ayahuasca> incluyen alucinaciones, confusión, desorientación, ansiedad, euforia, taquicardia, agitación, hipertensión, midriasis, nauseas, vómitos, diarrea, deshidratación hipernatrémica, crisis psicóticas, inestabilidad, temblores, convulsiones, parada cardio-respiratoria y muerte» (PALMA 2021, NEU 2020, VAN DER BERG 2020, BAUER 2018, HEISE 2017, VALLERSNES 2016, citas extraídas de la web mencionada).

¿Es cierta esta lista de tremendos efectos secundarios de la ayahuasca? Veamos. Una persona le pregunta a otra sobre cómo es eso de caminar por un bosque mediterráneo, y ésta responde: «¡Uy! si camina usted por el bosque va a tropezar con una piedra y va a romperse el tobillo o, como mínimo, el pie. Puede resbalar por un precipicio y matarse. Un árbol le caerá encima y lo triturará, como ya ha pasado, y, si hay tormenta, corre el peligro que le caiga encima el árbol y además que lo fulmine un rayo. También se va a precipitar dentro de un lago profundo y morirá ahogado, o sufrirá una inflamación profunda y muy dolorosa cuando pase la mano acariciando una mata y toque una oruga procesionaria del pino, que abundan por ahí. Todo esto sin mencionar el lobo feroz del bosque que se lo comerá y el mal carácter que suelen tener los campesinos con los que se encontrará». ¿Es cierto todo ello? Sí, pero es tan cierto como estadísticamente improbable, por no decir imposible. Es una probabilidad existente pero irreal de tan lejana. Además, depende de la persona en cuestión acercarse a un lago profundo si los rompientes son resbaladizos y están mojados, o salir a caminar por el bosque una noche de fuerte tormenta eléctrica de rayos y truenos. A pesar todo ello, los beneficios para la salud humana derivados de caminar por el bosque son tantos, tan inmediatos y tan diversos que solo los mórbidos mentales prefieren quedarse en casa por miedo al rayo que los ha de fulminar, o por pánico a que los devore el lobo feroz. Con los mencionados efectos secundarios de la ayahuasca se da una situación similar. De ahí la necesidad de aclarar, con datos en la mano y desapasionadamente, qué tan beneficioso o tóxico puede resultar para los bebés lactantes que la madre consuma la mixtura panamazónica.

Comienzo aclarando que no está en el ánimo del autor desacreditar la mencionada web, ni los folletos de buenas prácticas en el uso de psicodislépticos publicados y distribuidos por ICEERS o por otras entidades. Hay que reconocer que se trata de textos bienintencionados y que cumplen con una necesaria función social, a pesar de que a menudo se trata más de opiniones disfrazadas de verdad científica que de información contrastada y real.

Si nos ceñimos a las investigaciones farmacológicas sobre la ayahuasca y su forma de acción en el cuerpo y la mente humanos, podemos afirmar en base a diversos estudios que han usado técnicas de neuroimagen (véase los numerosos artículos de Jordi RIBA, José Carlos BOUSO y Josep Manuel BARBANOJ accesibles en la Red) que la ayahuasca puede activar zonas operacionales del cerebro dedicadas a la percepción del propio cuerpo o propiocepción, a la regulación emocional, a la toma de decisiones, al almacenaje de recuerdos lejanos, a la integración de contenidos psicológicos opuestos y a la gestión de la empatía. Y tales capacidades, verdadera cirugía de la mente para curar el trastorno neurótico y depresivo, son ideales para las madres lactantes.

Visto que una de las fuentes occidentales de información potencialmente fiable en este ámbito —la farmacología, la bioquímica y la biomedicina— no afirma nada de forma incontestable sobre nuestro tema ¿Dónde buscar alguna evidencia de la bondad o toxicidad del enteógeno en los bebés lactantes? Recurramos a la antropología y las certezas empíricas: a las sociedades nativas amazónicas y andinas que consumen ayahuasca desde tiempos inmemoriales, y a algunas madres urbanas que consumen regularmente con una antigüedad mínima de diez años, que han tenido bebés y que los han amamantado sin abandonar la práctica del consumo de la ayahuasca.

 

IV.

Los belicosos shuar habitantes de la Alta Amazonía ecuatoriana constituyen una de las etnias consumidoras tradicionales de ayahuasca  —denominada natemª en su idioma vernáculo— (véase FERICGLA, Josep Mª, 2018, Ayahuasca. La realidad detrás de la realidad, Kairós; y FERICGLA, 2016, Los jíbaros cazadores de sueños, Liebre de Marzo). Entrevistados por separado los ancianos shuar J. Mucúcham, G.Wamputzar y la shuar R. Pichamª, afirman que, de acuerdo a sus tradiciones, tomar el brebaje cuando una mujer está lactante da fuerza, resistencia y salud al bebé y a la madre. En palabras de Mucúcham: «eso <tomar ayahuasca durante el embarazo y la lactancia> es lo que nos hace fuertes a los shuar». En esta etnia amazónica se afirma, desde tiempos que se pierden en la oscuridad de la historia, que no existe ninguna contraindicación, no hay ningún malestar que pase al bebé ni que aqueje a la madre. Al contrario, bajo el efecto de la ayahuasca el lactante crece con especial agilidad y robustez, de ahí que las madres lactantes shuar tomen durante el embarazo y la lactancia, simplemente manteniendo ciertos principios de uso sancionados por sus costumbres.

Las prevenciones a tener en cuenta en esta etnia amazónica, son: a) la mixtura no debe haber sido cocinada incluyendo wanto(Brugmansia s.p., popularmentefloripondio, burundangaotrompeta de Ángel) entre los ingredientes, planta de uso chamánico intensamente alucinógena debido a su contenido de escopolamina o hiosciamina que, a veces, se añade a la decocción de la ayahuasca para potenciar los efectos visionarios; b) la madre lactante debe tomarnatemªen cantidad moderada y no debe mirar al bebé mientras esté bajo el efecto visionario intenso de la ayahuasca. Para los shuar, lo prudente es que la madre se sitúe ligeramente de espaldas al bebé durante la fase intensa del efecto psicoactivo del brebaje, de manera que lo pueda atender en caso de necesidad pero que no queden frente a frente. El motivo, aquí muy resumido, es que en el mundo shuar se considera que las visiones que se tienen bajo el efecto de la ayahuasca o durante ciertos sueños nocturnos, para ellos Grandes Sueños, son visiones que configuran la realidad futura del sujeto mismo, de la persona que tiene frente a sí y que le induce las visiones, o incluso de todo el grupo familiar o tribal al que pertenece. Si una madre tiene malas visiones —o una mala experiencia emocional aunque sea sin visiones, como es frecuente—, en su idiosincrasia cree que con ello va a establecer un mal futuro para su bebé, y ninguna madre quiere algo así. Dicho de otra manera, los shuar tienen en cuenta que el único peligro de tomar ayahuasca por parte de madres lactantes es que el enteógeno genere un malestar anímico en la madre o que le pueda despertar recuerdos traumáticos de su propia biografía. En estos inusuales pero potenciales casos, dada la fusión psicológica de la madre con el bebé, fenómeno que nuestra psicología ha observado y acepta desde el siglo XIX, puede suceder, según los shuar, que el malestar materno pase al hijo lactante. 

Fuera de ello, las mujeres shuar toman ayahuasca al quedarse embarazadas para asegurar la gestación y al dar a luz para cortar el sangrado del parto. También dan ayahuasca a los bebés y niños de dos años en adelante, en dosis pertinentes. No obstante, y a pesar de no beber ayahuasca que haya sido cocinada con Brugmansia o wanto, tradicionalmente cuando un bebé rechazaba la leche materna se le daba a beber algunas gotas de sabia de Brugmansia, «la cantidad que cabe en una espuela de gallo», tres a cinco gotas. Según explica G. Wamputzar, uno de los informantes, tras nacer él mismo estuvo tres días rehusando ingerir la leche materna. Al tercer día le dieron wuantoen la pequeña cantidad indicada. Tras esta administración visionaria estuvo dos días más bajo el efecto de la Brugmansia sin absorber el seno materno, pero a partir del tercer día comenzó a succionar la leche con voracidad.

Tras nacer, el padre, la madre o algún familiar respetable introduce unas gotas de ayahuasca en la boca de bebé shuar. Empapa un algodón y lo pone en la boca del neonato diciendo la fórmula ritual: «te pongo natemª en la boca, absórbelo. De esta manera te mantendrás despierto a la verdadera realidad, la que se conoce estando ebrio denatemª. No la vayas a confundir con las cosas ilusorias que verás en tu vida cotidiana».

Finalmente, otro hábito en el mundo tradicional shuar refuta la supuesta toxicidad de la ayahuasca en lactantes. Consiste en administrar natemªa los bebés vía rectal, en forma de enema, para que crezcan fuertes y desarrollen un carácter valiente y sensato.

 

V.

Variando de región amazónica, expongo datos etnográficos de los inga, nativos del valle del Sibundoy, en la zona selvática del Putumayo, Colombia. La informante J. Muchavisoy, afirma que en su cultura las mujeres ingieren ayahuasca —yagé en terminología vernácula— hasta los dos meses de embarazo. Según dicta su tradición, si la madre sigue tomando a partir de los dos meses de embarazo el bebé nacerá muy activo, tal vez excesivamente enérgico. Tras el parto, las mujeres suelen retomar el consumo de la medicina pasados cuatro meses y durante el resto de tiempo de lactancia sin que haya otras indicaciones restrictivas. Entre los inga, el padre también suspende su ingesta de yagé durante el embarazo de la mujer y puede retomar el consumo a partir de los tres meses después del parto, siempre precedido por un ritual de limpieza espiritual. Por otro lado, las mujeres inga menstruantes no toman ayahuasca.

C. Ceballos, otro informante inga de la lejana región de Mocoa, afirma que en su tradición se da yagé a la madre a partir del segundo mes y hasta el octavo mes de embarazo. Luego se detiene el consumo para evitar que el bebé nazca hiperactivo, y a partir del segundo mes tras el parto la madre puede retomar el consumo de la mixtura cuando quiera. En Mocoa los ancianos afirman que los niños y niñas que reciben yagé a través de la madre quedan conectados con el universo, con lo atemporal y trascendente. Otra informante anciana recuerda entre risas que su hija, de pequeña, recibió algunas dosis de ayahuasca, a consecuencia de lo cual fue una niña que más tarde habló mucho.

Según esta tradición local, la única molestia es que, si la madre lactante toma el remedio, el bebé suele ir más laxado en sus excreciones y dado que tradicionalmente las madres inga cargaban los bebés a brazos o en la espalda sin pañales de ningún tipo, era realmente molesto que los bebés estuvieran flojos de vientre. De ahí que algunas madres inga se extraigan la leche el día que toman yagé o ayahuasca y alimentan al bebé con la leche extraída antes de tomar la mixtura. No obstante, se trata de una contrariedad profiláctica de poca importancia, no de un peligro para la salud del bebé.  

Algún chamán inga —taitaen su lengua vernácula— entrevistado, afirma que al tomar ayahuasca o yagéel individuo se hace mucho más sensible a lo que está sucediendo dentro de otras personas, de ahí la conveniencia de que las mujeres embarazadas y lactantes tomen la medicina, para tener más consciencia y vínculo con su bebé. No obstante, los propios chamanes inga, que nunca niegan el remedio a nadie, tratan de evitar tomar ellos mismos cuando una mujer está menstruando o pariendo ya que: «incluso se llega a sentir el sabor de la sangre de la mujer en la boca de uno», algo desagradable para muchos taitas.

También se observa la costumbre inga de tomar ayahuasca tras el parto para que la mujer expulse la placenta y se limpie de los restos orgánicos, psicológicos y energéticos.

Sin salir del valle del Sibundoy, al sudoeste de Colombia, región riquísima en diversidad de culturas indígenas, entrevistamos a C.E. Rodríguez. A pesar del apellido español, es un indígena kamëntsá o kamsá, etnia pionera en los años 1980-90 en salir de su territorio selvático para llevar sus técnicas de sanación chamánica y el consumo de ayahuasca a los centros urbanos de Colombia.

Para los kamsá, la relación entre el efecto del yagé, el embarazo y la lactancia es un tema profundo que comienza con una visita al chamán o taita.La mujer embarazada visita al taita, éste la examina estando bajo la ebriedad enteógena y, según afirman los kamsá, el chamán percibe si habrá algún problema durante el embarazo. Si visualiza que habrá algún problema, realiza las acciones mágico-terapéuticas necesarias para, de acuerdo a su idiosincrasia, resolverlas. En caso de saludable normalidad, la mujer embarazada puede tomar normalmente ayahuasca hasta los ocho meses.

 Se afirma en la tradición kamsá que la mujer embarazada está especialmente sensible y al tomar elremedioestablece una conexión consciente, intuitiva y corporal intensa con el embrión, hecho que permite a la madre saber cómo está su futuro bebé aun en estado intrauterino. Y al embrión le ayuda a sentirse seguro y fuerte, siendo así que cuando la madre ingiere ayahuasca, siempre en dosis suaves, el bebé se mueve y se activa visiblemente dentro del claustro materno, momento en que los familiares, o la madre kamsá a solas, le cantan.

Una vez el bebé ha nacido, a los dos meses de edad, los kamsá acostumbran a darle la bienvenida al mundo poniendo unas gotas de ayahuasca en su lengua. A partir de los cinco meses tras el parto, los kamsá dan el remedioa la madre y el efecto balsámico y fortalecedor de alguna manera se traslada al neonato: «es como si tomara el propio lactante» en palabras del informante.

Los kamsá afirman que, al margen del efecto fortalecedor de la ayahuasca, el proceso del parto y el estado del bebé lactante dependen de como haya ido el embarazo. Cuando ha sido un embarazo complicado, con tensiones, son cuidadosos al administrar yagé a la madre. Lo mismo que cuando la madre no tiene experiencia en el uso de la ayahuasca. En estos casos, el consumo es delicado debido a que la madre puede revivir las tensiones o traumas acaecidos y pasarlo al bebé.

Si la mujer ha tenido un buen embarazo, acompañada por el taita o chamán, sin tensiones, un embarazo amoroso y seguro, los kamsá dan a tomar ayahuasca a la madre y al bebé al poco de haber nacido. Afirman que, si no hay trastornos psicológicos graves, estando bajo el efecto de la medicina, la madre abraza al bebé y «se conecta con la divinidad del ser que es el bebé. La madre recibe y nota toda su luminosidad».

Otro informante consultado, G. Córdoba, del grupo étnico de los siona, ubicados entre el sur de la Amazonía colombiana y el norte del Ecuador donde son conocidos como siona-secoya, reporta que, de acuerdo a sus tradiciones, cuando una mujer está embarazada deja de tomar ayahuasca durante el último mes. Ella y su esposo. Este siona, conocedor de los mensajes que se difunden en el mundo occidental referidos al tema de la lactancia, replica que: «Lo que se dice en las ciudades de que no se puede tomar <ayahuasca> son inventos modernos, sin sentido. Otro tema es la dosis. Se debe impedir que la mujer tome yagé muy fuerte para evitar los vómitos. Eso sí puede afectarla mal. Se debe tomar en dosis pequeñas, así no se vomita y la madre se conecta mejor con el embrión. Durante la lactancia es mucho mejor que la madre tome, le pasa el conocimiento al pequeño. En nuestra tradición, a los pequeños se les da <ayahuasca> en gotitas y crecen fuertes. Ojalá que todo el mundo tomara lactando».

Entre los siona también se observa una cierta restricción entre los padres que dejan de tomar ayahuasca durante el embarazo de la mujer o, si consumen, lo hacen en dosis pequeñas «como han hecho siempre». En cambio, los siona no dejan de tomar aunque las mujeres estén en periodo menstrual, algo que sí sucede en otras etnias. Finalmente, afirman que la madre debe tomar yagé en gotitas para mejorar las defensas de su cuerpo.

En otro sentido, J. Aconcha, indígena de la etnia cofán también ubicados en el Putumayo, al sur de la Amazonía colombiana, afirma que una mujer embarazada no debe tomar remedio porque es muy fuerte para el bebé. Según este informante, los niños cofán pueden tomar yagé a partir de los 12 años, y las madres pueden ingerirlo al dejar de lactar.

 

VI.

Para acabar la recopilación de datos etnográficos, todos ellos recabados entre septiembre y octubre de 2021, nos trasladamos al mundo urbano iberoamericano donde el autor ha entrevistado varias madres seguidoras del sincretismo religioso conocido como Santo Daime. En el marco de esta religión, la ayahuasca es conocida como Daimeo «Dame», en referencia a que sus seguidores toman ayahuasca o Daime para pedir a la fuerza de Dios que les ayude a tener una vida llevadera, responsable y sana.

Una seguidora del Santo Daime, Aicear, de 38 años y residente en Argentina, tuvo su primer hijo a los 30, tras más de una década de consumir la mixtura sagrada con una regularidad quincenal. Luego alumbró dos hijos más: «llevo siete años de lactancia casi ininterrumpida, y tomo Daime sin ninguna restricción respecto del consumo habitual de los daimistas», cada quince días. La única restricción se debe a cuestiones prácticas. Cuando las madres están en lactancia no suelen acudir tanto a los Trabajos de Daime, o sesiones de ayahuasca, porque los bebés tienen determinadas exigencias en cuanto a horarios, transporte y demás: «pero siempre que hay posibilidad de ir con el hijo porque es un trabajo tranquilo, voy sin problema». Aicear afirma que ha constatado —y es algo consabido entre los daimistas— que cuando ella toma la medicinael hijo lactante se relaja especialmente. «Es algo bueno para los hijos que se quedan plácidamente dormidos con mucha facilidad. Y aunque no duerma, mi hijo se relaja y mira el entorno pero sin modificar su conducta, es algo completamente normal y sano».

Otra informante urbana, también residente en Iberoamérica y seguidora de la doctrina del Santo Daime desde su adolescencia, a la que llamaremos Luna, tiene 25 años y a dado a luz dos hijos. Durante los periodos de lactancia acudía a casi todos los Trabajos o sesiones del Santo Daime. Luna repite con total convencimiento lo expuesto en líneas anteriores: ingerir ayahuasca durante el estado lactante no ha supuesto ninguna consecuencia negativa ni para el bebé ni para ella, al contrario. Como el Daime o ayahuasca sensibiliza la percepción y los afectos maternos, la conecta más con el bebé, con el hecho profundo de la maternidad en sus dimensiones psicológica, arquetípica, biológica y espiritual. Luna afirma que el hecho de tomar le ayuda a desarrollar la paciencia y la fuerza como madre, le aumenta más la sensación amorosa y la tierna delicadeza que tanto se requiere durante la maternidad. «Una está más sensible», es el resumen.

Complementario a lo anterior, esta informante urbana afirma que al estar lactando aprecia como la mixtura, hoy ya panamazónica, produce en ella efectos más intensos que los habituales. Se puede pensar que tal vez sea por este motivo, aunque los y las informantes indígenas no lo hayan explicitado, que exista una indicación difundida en varias etnias amazónicas de que la mujer lactante debe tomar dosis de ayahuasca más reducidas en relación a su consumo habitual. Para acabar, y repitiendo algo ya mencionado: «no tomo Daime como si fuera en una situación normal por el tema logístico y por el cansancio. Se hacen muchos trabajos <sesiones> al año, a veces duran ocho o diez horas, son cansados, y la madre necesita alimentarse y disponer de energía para la lactancia. Pero es una bendición. El Daime ayuda mucho en el periodo de porteo, ayuda a tener esperanza y sentir el bebé muy cerca».

Además de las declaraciones e información etnográfica expuesta, el autor ha recopilado numerosas otras declaraciones, comentarios, confesiones personales y explicaciones sobre formas de uso de la ayahuasca entre mujeres lactantes, informaciones innecesarias de añadir aquí si bien todas apuntan hacia una dirección similar: el consumo de la mixtura amazónica es beneficioso. Adjunto una muestra.

 

(D.S.B. de Perú)

«Mi esposa tomó yagé mientras mantuvo la lactancia a nuestra hija mayor, hoy de 9 años. Por recomendación del taita lo hizo después del tercer mes del parto y hasta casi el segundo cumpleaños del bebé, incluso hasta el nacimiento de nuestro segundo hijo. Durante la lactancia de nuestra hija, participamos una vez al mes en las tomas de yagé, de manera consecutiva por casi dos años. Mi esposa decía que sentía que la bebé se chumaba<embriagada, notaba el efecto> y que la experiencia era intensa en términos espirituales y emotivos».

 

(F.G. de Perú)

«Tengo un hijo de tres años y tres meses. Su mamá tomó ayahuasca antes de concebir. Cuando alumbró tomó cuatro veces más en la selva. Estaba dando de lactar, mi hijo tenía 8 meses y le dimos ayahuasca. La primera vez, le dimos una cucharada y no hizo mayor efecto. Al poco rato vomitó. La segunda vez si fue un poco más fuerte y entró en shock que se prolongó por horas. Lloró, pero vi que se hizo consciente de su cuerpo. Me asusté un poco por el shock de una asistente que intentó darle agua bruscamente, con jeringa, para que vomite. Luego de eso, y ya de dos años o tres, le dimos ayahuasca a cucharadas en dos oportunidades y funcionó bien. Pienso seguir orientando por el camino de las plantas sagradas. Hoy será necesario más que nunca. La ayahuasca es mágica y limpia.

No, no soy de alguna etnia específica. Soy mestizo como comúnmente nos adjudicados la mayoría de población, y de hábitos urbanitas.

Por necesidad de sanar aspectos de índole emocional acudí a la ayahuasca, y también compartí con mi hijo. Fue por Yurimaguas, un distrito del alto amazonas en Loreto.»

 

(D. S. B. de Venezuela)

«Tomamos yagé en Caracas desde 2011 hasta 2014 casi de forma continua, cuando asistíamos a las terapias que un taita inga del putumayo organizaba mensualmente. Nosotros, motu propio, consultamos si podíamos seguir tomando yagé como veníamos haciéndolo (es decir, cada vez que asistíamos a las terapias mensuales), mientras mi esposa estuvo embarazada, durante la lactancia y el puerperio. La respuesta literal del taita fue que sí, que no hay contraindicación ni médica ni cultural, por el contrario que: «los guerreros toman yagé desde el vientre de su madre». No suponga halo alguno de romanticismo en mi cita anterior, pues el «elemento humano» de nuestra experiencia con el taita, no con la medicina, no está exento de crítica y de reflexión. Pero preciso que esto no enturbie nuestro amor por el yagé. Con mucho gusto brindo a usted mi experiencia, como sociólogo y paciente de yagé valoro todo lo que represente un avance en el estudio de las medicinas ancestrales en el ámbito de nuestra actual realidad».

 

VII.
CONCLUSIÓN

La práctica totalidad de informantes entrevistados, de ambos sexos, de diversas edades y provenientes de distintas culturas indígenas y urbanas, afirma que, de acuerdo a sus tradiciones y a su propia experiencia personal, consumir ayahuasca durante la lactancia no es perjudicial ni para el bebé ni para la madre. Es más, no tan solo no es perjudicial, sino que favorece la comunicación sutil entre ambos, da fuerza, paciencia, sensibilidad y mejora la salud de la madre, y en los bebés se percibe un estado de especial serenidad, de salud y de determinación cuando crecen y se convierten en niños y niñas.

Varían las costumbres locales que se registran tras el nacimiento del bebé pero, en general, entre los nativos amazónicos y entre las consumidoras habituales de ayahuasca en el mundo urbano, suele administrarse la mixtura en pequeñas dosis para fortalecer el cuerpo y el futuro carácter del neonato. La única informante que ha declarado lo contrario no aporta argumentos para ello, y vista la influencia del obscuro mensaje general occidental  —todas las drogas son malas—, mensaje que conocen sobradamente los nativos amazónicos y que coincide con la rápida desaparición de las culturas indígenas, conduce a sospechar de su asunción por parte de la informante.

No obstante, se trata de una mixtura con potentes efectos psicoactivos que influyen en el estado anímico y la estabilidad psicológica del consumidor, por lo que a pesar de las bondades descritas en madres y bebés hay que tener en cuenta algunas contraindicaciones tales como, por ejemplo, que no es recomendable consumir el enteógeno si la madre lactante sufre algún trastorno psicoafectivo grave, o si está bajo el efecto de medicamentos del espectro psiquiátrico psicótico o esquizoide. No todas las psiques reaccionan igual a la experiencia de modificar y expandir las puertas de la percepción, de modo que sería una premisa imprescindible que la madre conozca previamente el efecto de la medicinay sepa en qué sentido puede modificar su estado anímico.

En todo caso, hay que informar al guía de la sesión o al chamán —que siempre ha de despertar serena confianza— acerca de cualquiera de estas circunstancias, así como respetar el entorno ritual que actúa de contenedor (un texto para principiantes sobre los efectos de la mixtura aparece en FERICGLA 2016, Ayahuasca. La realidad detrás de la realidad, Kairós). 

Cada etnia de la que se ha entrevistado algún representante, a pesar de los cambios que comporta la mundialización, tiene sus tradiciones y las respetan. Se registran variaciones entre unos y otros, pero se puede concluir que hay una consciencia general de que las modernas costumbres occidentales difunden mensajes falsos referidos al riesgo de consumir ayahuasca por parte de madres lactantes, en condiciones normales y en dosis prudentes. En sentido contrario, las diversas tradiciones amazónicas y andinas afirman que tal consumo es extensamente beneficioso para las madres y para los hijos lactantes.

Así pues, preguntarse si ayahuasca sío si ayahuasca nopara lactantes no es la pregunta sino la respuesta misma.

 

J.MªF.
Can Benet Vives
14 de octubre 2021

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