La trompeta y la ayahuasca

LA TROMPETA Y LA AYAHUASCA

Dr. Josep Mª Fericgla
Fundació J.Mª Fericgla
Societat d’Etnopsicologia Aplicada

En boca de algunos nativos amazónicos y andinos hay una queja relativamente frecuente referida a la difusión y uso de ayahuasca por parte de no-nativos, queja que, desde mi punto de vista, tiene y no tiene fundamento, depende de cada caso.  

He recibido algún reproche por estar desarrollando y difundiendo una nueva manera de usar la famosa mixtura panamazónica, a la que denomino «Tercera Vía de uso de la ayahuasca» y que sitúo al lado de la vía chamánica –no como substituto–, que es la manera propia de los pueblos originarios animistas, y al lado de la vía devocional de los sincretismos religiosos brasileños nacidos en la primera mitad del siglo XX. Honestamente, no siento que deba defenderme de tales reconvenciones ya que la mayor parte de ellas no tienen motivo de ser. No obstante, recojo el guante, como se suele decir, para explicar algo sobre este tema del que, por diversos intereses, no se está hablando.

Vaya por delante mi más grave y total respeto por las tradiciones amazónicas y andinas que han mantenido vivo durante siglos el consumo de tal recurso vegetal para tomar consciencia de la propia consciencia, para sanar la disociación neurótica que tanto aqueja al occidental medio, para ver, tomar decisiones de forma milenaria y revivir la presencia de las fuerzas superiores que, se acepte o no, rigen nuestros destinos.  

Tras décadas de estudio científico y de haber sido iniciado de forma estricta  durante largos meses en una rama de la tradición chamánica de la Alta Amazonía, no creo que se me pueda acusar de insubstancial diletante en mi aproximación a los efectos de la ayahuasca, ni de mercantilizar tal enteógeno tradicional. No me enriquezco, ni lo pretendo, con la aplicación de la ayahuasca en psicoterapia siguiendo los protocolos que he desarrollado tras años de investigación, o tutelando sesiones grupales dirigidas al cultivo del mundo interno de los participantes, una forma de espiritualidad práctica útil al occidental medio actual. De todas maneras, donde hay oro verdadero suele aparecer el oro falso.

En efecto, pido una aportación económica por tales servicios ya que, como toda transacción en el mundo actual, tienen una dimensión monetaria. A nadie debe extrañar, por tanto, que se cobre por ello. Y no es nada nuevo, no seamos más puritanos que el mármol blanco: hasta donde sé, también los chamanes amerindios tradicionales pedían y piden «una colaboración» a sus congéneres por su actividad sanadora. «Tomar ayahuasca me hace sufrir, es mala de sabor, la noche que bebo casi no duermo… algo han de entregarme a cambio» es la explicación que me han dado más de una vez chamanes shuar y quichuas a los que he preguntado. Y es más que razonable en el ámbito de los humanos. Yo te doy y tú me das, así queda la balanza equilibrada, nadie debe nada a nadie, las relaciones se mantienen igualitarias y no hay sentimiento de culpa o de deuda por recibir sin dar a cambio.

Por mi parte, sufrago los costes y el trabajo de las personas que cultivan, preparan y me facilitan la mixtura, con lo que hay una redistribución monetaria transatlántica. Además, está mi trabajo como especialista, el tiempo dedicado y, con frecuencia, el alojamiento. Todo ello implica poner un precio, sea monetario o en forma de intercambio.

Dicho lo anterior, cabe especificar que hay dos temas a aclarar sobre el uso de la ayahuasca en Occidente o en relación a las sesiones dirigidas por occidentales en Sudamérica.

Por un lado, está el tema del enriquecimiento fraudulento. Ciertamente, al tratarse de un mercado nuevo en Occidente y en Japón, de un mercado no regulado, y al tratarse de una experiencia trabada por la absurda ley de numerosos países occidentales que la prohíbe, hasta cierto punto se trata de una experiencia que se ofrece oculta e ilegalmente y no hay claridad ni control de precios razonables. Esta situación, propicia que haya auténticos mercaderes de ayahuasca que cobran precios más que improcedentes por una mera dosis de 50 ml., a menudo mal administrada. Me han descrito casos en que se ha llegado a cobrar hasta tres mil euros por una sesión exclusiva para rusos ricos que han viajado hasta Barcelona para tener «la experiencia», ya que en su país la ayahuasca está completamente penalizada. También a mí me han propuesto dirigir tales sesiones, a lo que me he negado por razones obvias y por otras que ahora nos llevarían fuera de contexto.

En otros casos, también abusivos, se cobra entre tres cientos y cuatrocientos euros por una sesión. En mi opinión, un trabajo o ceremonia grupal debería costar entre 50 y 100€ en Europa, dependiendo de la experiencia del guía, de la calidad de la ayahuasca (no se habla de ello, pero, como con el vino, hay muchas calidades), y de otros dispendios laterales tales como el coste del local, si se incluye comida o alojamiento después de la ceremonia, etc. Un tema al margen es el precio de las sesiones psicoterapéuticas que dependen de otras variables tales como la profesionalidad del terapeuta, tiempo de dedicación, experiencia, riesgo legal que asume, etc.

Y sí, en efecto, hay mucho abuso en el mercadeo ayahuasquero. Hay numerosos desequilibrados iluminados que, desde su fanatismo, se creen llamados por la divinidad para salvar la humanidad, anunciando sus sesiones por Internet, como si la salvación de la humanidad dependiera de algunos delirantes repartiendo ayahuasca  –habitualmente a precios desorbitados, lo cual añade un curioso interés mercantil a su peligroso fanatismo espiritual. En alguno de estos casos, es sorprendente que la policía española, tan eficaz encontrando delincuentes bajo las piedras, no detenga a las personas que anuncian abiertamente sus sesiones de ayahuasca por internet. Solo hay que teclearlo en algún buscador. Según observo, casi siempre se trata de la misma red bajo diferentes nombres internacionales, con lo que sospecho que la persona que la dirige, que pasó más de un año en la cárcel, en realidad, es un confidente policial al que el Estado permite que vaya vendiendo sus sesiones abiertamente a cambio de información sobre quién asiste a ellas o algo más. Repito, solo es una sospecha.    

Por otro lado, y no nos engañemos, de estos mercaderes ayahuasqueros los hay occidentales y los hay nativos americanos, que aprovechan el tirón de la moda y el color de su piel para sumarse al pingüe beneficio sin tener la mínima experiencia real. Algunos de tales nativos viajan cada vez más a Occidente, mientras que otros ofrecen la experiencia en centros situados en sus países amazónicos, especialmente Perú donde el mercado de la mixtura he alcanzando niveles nada sagrados y solo comparables a los de la dulzona e imbebible sangría española, cuando es servida en bares para turistas masificados que imaginan España como una gran plaza de toros, con toreros caminando por las calles envueltos en sus capotes y bailaoras de flamenco en cada bar. Cuando se llega al aeropuerto internacional de Lima, o al de Tarapoto o al de Pucallpa –ciudades ayahuasqueras– el turista se encuentra con numerosas ofertas para tomar ayahuasca y, todo hay que decirlo, ofertas nada sagradas que provienen del mundo nativo.

Nadie con una mínima sensibilidad y conocimientos, duda del origen geográfico y cultural del consumo sagrado de la ayahuasca, y hay que respetarlo como se respeta al padre, pero otra cosa son las formas y los objetivos del consumo.

En el mundo nativo tradicional, no se tomaba como psicointegrador o como «medicina para la neurosis», simplemente porque este trastorno no existía entre aquellas personas hoy arrebatadas por el inevitable proceso de mundialización.

En algunos casos, en efecto, hay un robo de las formas tradicionales. Tanto los occidentales como numerosos indígenas copian las formas de los chamanes nativos sin entender la función de los factores que entran en juego. Esto es literalmente rapacidad cultural y mercantilismo de moda.

Por otro lado, hay personas, muy pocas, tanto occidentales como nativos amazónicos, que han desarrollado nuevas formas de consumo de la mixtura. Personas, entre las que me cuento, que han sabido valorar en toda la profundidad que tiene la función de la ayahuasca en el mundo tradicional, y han buscado maneras de consumo igualmente profundas más acordes a las necesidades del Occidente actual, como hizo en su momento Raimundo Irineu Serra, fundador de la iglesia de Santo Daime. Y esta adaptación no debe ser considerada una malversación ni un robo de las tradiciones ancestrales, porque no se copian. Cuando se hace bien, es una evolución y adaptación a los cambios del mundo de la que, incluso los chamanes tradicionales, tienen algo a aprender.

Así, por ejemplo, en las culturas tradicionales, era el chamán, taita o wuishín quien tomaba la ayahuasca para «ver» y sanar u ordenar las anomalías que causaban sufrimiento a sus congéneres. La ayahuasca no se tomaba en grupo. Pero llegó el occidental ávido de experiencias y la tradición de derrumbó: los chamanes indígenas empezaron a ofrecer sesiones de grupo, como les pedían los visitantes. En algo más de dos décadas  –desde los años 1990 hasta la actualidad–, los “visitantes” se convirtieron en “masas de turistas” y más tarde en meros “clientes” o hasta en “promotores de sesiones”, como ocurre actualmente en la mayor parte de casos. En este proceso ha habido –y hay– un gran campo para la estafa.

Un buen amigo, un chamán kamsá del sur de Colombia, hijo y nieto de chamanes al que llamaré Juan, me explicó que un hombre norteamericano, tras tomar ayahuasca con él en el valle del Sibundoy, su territorio tradicional, lo había invitado a ir a los EEUU a dirigir una sesión que el propio norteamericano organizaría. Juan aceptó. El hombre le pagaría 50 dólares por asistente a la sesión y Juan tenía que llevar la ayahuasca. Todo bien. Al llegar a los EEUU, descubrió que el hombre estaba cobrando 350 dólares a cada participante y que la ayahuasca está prohibida en ese país, con lo que Juan sin saberlo corrió un peligro real al pasar la frontera con la mixtura en su maleta. No obstante, 50 dólares por participante es una buena cantidad dado su nivel económico. No le importó que su “agente” se embolsara seis veces más. A la segunda vez que Juan acudió a la invitación lo detuvieron en la aduana, y se tuvo que organizar una campaña internacional presionando al gobierno de los EEUU para que soltara al joven chamán colombiano.

Cuando un occidental intenta emular el estilo chamánico de usar ayahuasca, cuando se disfraza de chamán con plumas de papagayo en la cabeza y canta canciones en algún idioma que los asistentes no entienden, se convierte en un acto con poco sentido. Cuando un occidental ha aprendido seria y responsablemente las formas de aplicación y la función exotérica y esotérica de la ayahuasca, y desarrolla una nueva manera, no es un hurto de tradiciones amazónicas ni una payasada. Es un cambio, una forma de uso históricamente nueva.

Hasta el siglo XVIII había un instrumento de viento que consistía en un tubo metálico con una boquilla en un lado y una campana en el otro, y producía notas sonoras según la presión del aire que aplicaba el instrumentista. Sobre el año 1750, en Europa, se inició una transformación cultural conocida como Clasicismo o Neoclasicismo, que afectó todos los rincones de la vida culta europea, incluyendo la música, y entre 1750 y 1820 se desarrolló la nueva música culta europea, encarnada en compositores de fama universal tales como J. Hydn, W. A. Mozart o L. von Beethoven. Este cambio generó una necesidad técnica específica, en respuesta a la que el músico e inventor irlandés Charles Clagget, en 1790 construyó un instrumento conocido como “trompeta doble” afinada en Re y Mi bemolcon una única embocadura y con la innovación de añadirle un pistón, luego dos y más tarde tres pistones, hasta darle la forma y la capacidad musical que lucen las actuales trompetas. Este instrumento, fue creado para interpretar música clásica europea, pero como suele suceder entre los humanos, pronto pasó a América y hubo quien lo empezó a usar para tocar otros estilos, sacó nuevos sonidos. En la década de los 1890 ya existía el jazz y el blues tocado con trompeta, y en 1917 la famosa orquesta Original Dixieland Jazz Band realizó sus primeras grabaciones en las que la trompeta era uno de los protagonistas. 

¿Qué pensaríamos si Charles Clagget y sus descendientes se hubieran opuesto a que se usara la trompeta fuera de las orquestas clásicas europeas, a que se experimentara con nuevos sonidos que podían salir de su instrumento con pistones? ¿Qué opinaríamos si, por la misma época, Alessandro Volta, que inventó la pila eléctrica o Pila de Volta, algo que por primera vez en la historia permitió producir un flujo estable de electricidad y fue precursora de la actual batería eléctrica, se hubiera negado a que su descubrimiento saliera de su conservadora Italia natal?

No es el mismo caso que con la difusión de la ayahuasca, pero hay algo en común. Hay que aceptar los cambios, todo cambia. En efecto, no se debe aceptar la mala copia con pretensiones de original, la falta de respeto, la ignorancia engreída, la explotación de recursos ajenos, ni la mala praxis allí donde se dé, pero sí el cambio cuando aporta mejoras.

En la experiencia con ayahuasca, creedme, es más importante quién la administra y dirige la sesión que quién la toma. Cuando se vuela, para que el vuelo sea seguro e interesante, es más importante el piloto que el pasajero. Por todo ello, y para acabar, viendo la creciente escasez de las lianas para preparar la mixtura, y el truculento mercadeo en el que se ha caído, en 2018 me decidí a buscar socios y fundar una reserva medioambiental en plena Amazonía ecuatoriana –hoy ya conocida como casa Etno-Ahuano– donde cultivar las lianas necesarias con calidad, respetando el medio ambiente y los derechos laborales y humanos de los trabajadores, venerando las tradiciones locales y transmitiendo con responsabilidad y hasta con elegancia los conocimientos y sensibilidad imprescindible para una buena sesión. Os invito y hasta me atrevo a esperaros.

 

Dr. Josep Mª Fericgla

Can Benet Vives, 13 de agosto 2019.

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