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MÁS DESPIERTOS Y RESPONSABLES QUE NUNCA

Dr. Josep Mª Fericgla
Societat d’Etnopsicologia Aplicada
Fundació J.Mª Fericgla

 

—I—

Estamos viviendo «el octavo día», una realidad diferente y nueva que necesita una respuesta diferente a lo hasta ahora conocido. En relación a ello, se está difundiendo un par de entrevistas recientes a Yuval Noah Harari, en las que el popular historiador judío israelita analiza la salida de la actual situación mundial. Realmente, son entrevistas esperanzadoras que despiertan un buen ánimo al repetir que lo que tenga que llegar depende de nosotros, de lo que hoy decidan nuestros gobiernos y que, por ello, es fundamental controlar las decisiones que tomen los políticos. En este punto, me siento totalmente de acuerdo, pero hay caras de la situación que, por algún motivo, Harari no menciona y es una omisión que despierta cierta sospecha.

Viendo la realidad e intuyendo el mundo con el que nos podemos tropezar una vez despertemos de la situación actual, resulta que, en efecto, una buena parte dependerá de lo que hagamos nosotros —la sociedad civil— hoy, pero hay otro factor determinante que está tomando una forma más clara que antes.

Podemos controlar lo que legislen hoy nuestros gobiernos  —desde luego, hasta un cierto punto—  pero el protagonismo absoluto lo está ganando la tecnología y las corporaciones multinacionales que funcionan al margen de los gobiernos. Cada semana que pasa podemos apreciar con más detalle que los Estados pintan cada vez menos y que los gobernantes, en diatriba constante cuando es necesaria la unidad de acción más allá de partidos políticos, obedecen de forma más o menos enmascarada lo que les dicta el verdadero poder, las compañías globales. Y estas monstruosas organizaciones no dependen del voto popular y, a menudo, no respetan ni los derechos laborales, ni la Declaración Universal de Derechos Humanos, ni los acuerdos sindicales, ni las Leyes locales.

Por ejemplo, si bien es cierto que los gobiernos de toda la UE parecen haber obligado a los bancos para que concedan créditos baratos y con menores garantías que las habituales a las pequeñas y medianas empresas y autónomos, para que puedan sobrevivir, lo cierto es que la ola de solicitudes de préstamos que está por llegar probablemente acabe multiplicando los beneficios del sector bancario. Con esta crisis, las entidades financieras tienen la oportunidad de redimirse de la depredación a que sometieron la sociedad en la crisis del 2008-2010 con los famosos rescates, ya que les toca abrir el grifo a las familias y pequeñas empresas que son las que peor lo están pasando por la congelación de la economía, pero está por ver hasta dónde es así ya que, en estos momentos, los bancos consultados piden alrededor del 2,5% de interés por el dinero que prestan, a pesar de que ellos reciben este dinero del Banco Central Europeo al 0% de interés.

Otro ejemplo. La popular empresa Youtube ha eliminado de sopetón varias cuentas como ’Distrito tv’, ‘Caja de Pandora’ —que tenía novecientos mil suscriptores— y ‘Mindalia tv.com’, con 20.000 videos abiertos a más de un millón de suscriptores. Es un canal, Mindalia, en el que era fácil encontrar vídeos realmente interesantes en castellano y en inglés, con información sobre temas alternativos en áreas sensibles como medicina, espiritualidad, educación, ecología y demás. ¿Por qué Youtube, una empresa privada, ha cerrado tales cuentas con más de un millón de seguidores sin la menor explicación? ¿Han incumplido alguna ley? No parece. Tal vez hubiera algún video de Mindalia que podía ser conflictivo pero, de ser así, podría tratarse de alguno entre 20.000 que se hubiera podido eliminar sin cerrar el canal. Simplemente, Youtube los ha cerrado sin más justificación y ha secuestrado los videos que estaban en exhibición. Es muy probable que obedezca a los intereses mercantiles de los laboratorios farmacéuticos o de los mismos propietarios de Youtube.

Si rascamos un poco, solo un poco, descubrimos que Youtube es propiedad de Google que, a su vez, es uno de los numerosos productos de la empresa Alphabet Inc. Por su lado, Alphabet Inc. es una de las poderosísimas corporaciones multinacionales que despiertan mayor preocupación a las autoridades fiscales por la ingeniería financiera que maneja respecto a las medidas de armonización fiscal. Es decir, preocupa a las autoridades porque Alphabet Inc. traslada la tributación que debería pagar por sus ganancias fuera de la jurisdicción en la que se están generando, con lo que no abona los impuestos que le corresponden ni, con ello, contribuye equitativamente a sufragar los gastos de la sociedad de donde sale el dinero. Por otro lado, el holding Alphabet Inc. incluye empresas de sectores tan variados como la biotecnología, la salud, las telecomunicaciones y la domótica. Así pues, el círculo se cierra fuera de todo control público.¿Alguien puede creer que este monstruo empresarial privado obedecerá la legislación de gobiernos democráticamente escogidos si va en contra de su interés económico (y no hay otro)?

¿Alguien piensa que cuando acabe la pandemia se mantendrán todos los puestos de trabajo que había hasta ahora en los países europeos y americanos?

¿Qué porcentaje de pequeñas y medianas empresas han cerrado a causa del coronavirus y ya no abrirán sus puertas de nuevo?

Sí, los gobiernos pueden insistir que prohíben despedir a nadie a causa de la pandemia, pero es más que probable que la realidad que encontremos al despertar sea otra.

 

—II—

Tras la parálisis causada por la pandemia es previsible que el modelo de ocupación laboral a tiempo completo se vea substituido por múltiples empleos a tiempo parcial o por empleos-basura donde no habrá la menor garantía de nada, como estamos viendo en empresas que se están expandiendo por el mundo basadas en la auto-explotación de los trabajadores sin derechos, tipo la española Globo o la norteamericana Uber.

Al despertar de la confinación probablemente también descubriremos que la desigualdad social, que ya ha aumentado en las tres últimas décadas, se ha disparado. Los pobres mucho más pobres y sin posibilidad de salir de la pobreza, y los ricos en el otro extremo, mucho más ricos.

En este sentido, hoy en día hay más multimillonarios que nunca, y su fortuna asciende a cifras récord. En 2018, la cantidad de multimillonarios que había en el mundo llegó a los 2.208, frente a los 2.043 del año anterior. Es decir, en un año aumentó un nada despreciable 8% el número de multimillonarios. La fortuna media de estos individuos, según la revista Forbes, es de cuatro mil cien millones (4.100.000.000) de dólares, con lo que en total amasan una fortuna de casi diez billones europeos de dólares. El hombre más rico del mundo parece ser que es Jeff Bezos (con ciento veintidós mil millones -122.000.000.000- de dólares en sus cuentas bancarias), propietario de Amazon entre otras empresas, y cuyos empleados protestan en todo el mundo por las malas condiciones laborales que soportan. El segundo hombre más rico del mundo es Bill Gates(con noventa mil millones  -90.000.000.000- de dólares) y el tercer lugar lo ocupa Warren Buffett (con ochenta y cuatro mil millones -84.000.000.000- de dólares), en buena parte causante de la crisis mundial de hace una década, crisis que condenó a la miseria a millones de personas en todo el mundo, pero resulta que él sigue ocupando el tercer puesto en la lista Forbes.

Para tener una referencia comparativa, el mismo año 2018, el PIB de España fue de 1,4 billones de dólares, es decir que, sumando las fortunas personales de estas 2.208 personas la cifra equivale a más de siete veces todo lo que produce España en un año. También en 2018, Dinamarca tuvo un PIB de trescientos cincuenta y cinco mil millones dólares, con lo que la fortuna de los 2.208 más ricos equivale a unas 2.800 veces lo que producen todos los daneses en un año. Y el PIB de Ecuador, para mencionar situaciones diferentes, es de ciento ocho mil millones de dólares, de lo que resulta que la fortuna de los 2.208 equivale a 9.225 veces el PIB de los ecuatorianos.

En el mundo que probablemente encontremos al despertar de la pandemia, la tecnología será cada vez más importante, tanto en el mundo laboral como en el personal, con lo que ello implica de creciente e inalcanzable distancia entre las corporaciones que puedan investigar nuevas aplicaciones tecnológicas y el resto, que seremos meros consumidores de lo que los primeros nos ofrezcan o impongan. En este «nuevo mundo», como afirma S. Niño Becerra, la productividad será más importante que el volumen de producción, hasta el punto que el PIB de un país incluso se podría producir sin ninguna unidad humana de producción, gracias a la robótica y al resto de avances tecnológicos.

Pero no nos engañemos, cada vez que un aparato hace algo que hasta el momento hacían los humanos, cada vez que un dispositivo substituye una habilidad humana, somos los humanos los que perdemos. Perdemos una habilidad, una capacidad o una función, con lo que la estupidez y la ineptitud avanzan. No se puede negar que gracias a la tecnología la vida en general es más cómoda hoy que hace sesenta o doscientos años, pero tampoco se puede negar que el «coeficiente vital» del occidental medio ha caído en picado, solo hay que ver el 24% in crescendode occidentales que sufren de depresión, consecuencia de vivir una vida sin sentido.

Es habitual encontrar gente —muchísima— que pasa buena parte del día literalmente frente a la pantalla de su ordenador o de su televisión consumiendo una película tras otra, horas y horas de Netflix o de cualquier cadena similar (Prime video, HBO, Disney+, Hulu, Spotify y un largo etcétera de empresas en guerra abierta entre ellas, que acumulan pérdidas económicas, por ahora, para llenar la mente perezosa de la gente). Estos hábitos generan psiques con una decreciente capacidad para razonar con sentido crítico y deshabitadas de contenido vital real —en ellas casi todo es virtual—. Tales rutinas generan masas de gente incapaz de estar a solas consigo mismo y de saber algo tan simple como es saber cómo se sienten. Todo lo que sea, menos pensar y razonar.

 

—III—

Una interesante investigación encabezada porD. Reinhard y T. D. Wilson de las Universidades de Virginia y de Harvard (“Just think: The challenges of the disengaged mind”,Science, 2014), puso de relieve que el 67% de norteamericanos y el 25% de norteamericanas prefiere una descarga eléctrica a permanecer 15 minutos a solas con la única compañía de sus pensamientos. Sí, ha leído usted bien. La investigacióncontó con la participación de 413 estudiantes universitarios y 118 personas no universitarias. Lo único que tenían que hacer era pasar 15 minutos a solas sentados en una habitación en la que no había nada con lo que entretenerse. Ni música, ni libros, ni revistas… nada.

La mayoría expresó un sentimiento de embarazosa incomodidad al no tener nada con lo que distraerse, siendo incapaces de hacer lo que les pedía: que se concentraran en sus pensamientos. Todo el grupo experimental acabó con la mente dispersa deseando que aquel “infierno” acabara cuanto antes. Para no ser tan crueles con los voluntarios —pobrecitos muchachos estadounidenses— se trasladó el experimento a sus casas, a pesar de lo cual seguían sintiéndose incómodos hasta el punto de ceder, en diversos casos, a la tentación de escuchar música o de usar el móvil. A la vista de la realidad empírica, los investigadores añadieron una típica variable condicional: «¿Qué pasaría si…?», y decidieron averiguar qué pasaría si se diera a las personas una opción para salir antes de tiempo de su “infernal rincón de pensar”.Les ofrecieron una posibilidad: «Si estar con vosotros mismos a solas os resulta demasiado insoportable, podéis pulsar este botón. Recibiréis una descarga eléctrica, pero podréis salir». ¿Qué sucedió? Que el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres prefirieron la descarga a estar un minuto más a solas sin hacer nada.

Esta es una simple muestra del devastador efecto psicológico de las tablets, los smartphones, smartwatches,wearablesy demás dispositivos que van minando la inteligencia y la capacidad anímica y de respuesta adaptativa de los humanos. Aburrirse se ha convertido en un suplicio indescriptible, es una enfermedad moderna. Antes, la gente pasaba horas sin hacer nada, máximo viendo una espectacular puesta de sol o esperando sin hacer nada la llegada de alguien, y no sabían qué es el aburrimiento.

 

—IV—

Para acabar, hace aproximadamente una década tuve una intuición del futuro de la humanidad y, como observo que se va cumpliendo, sin la menor pretensión de visionario, de sabio ni de profeta —¡Dios me guarde!— voy a vencer mi pudor y la comparto. Presentí que, a menos que no hubiera un radical cambio de dirección, la humanidad se encaminaba hacia una nueva Era de sumisión sin alternativas, y que tal camino estaría dividido en tres fases. Las expongo de forma escalonada para simplificar la explicación, pero no se trata de cambios súbitos sino de pasos graduales que en muchos momentos se solapan entre ellos y con otros factores socioculturales que van apareciendo y desapareciendo.

En primer lugar, —y al margen de los motivos políticos, sanitarios, religiosos o de la índole que fuera que se esgrimieran—  se irían legalizando todas o casi todas las drogas psicoactivas hasta ahora ilegales. La marihuana, los derivados del opio, la LSD, las metanfetaminas, las fenetilaminas, los hongos psilocíbicos o muscarínicos y demás, pero no para propulsar la liberación psíquica de las masas, ni para refinar la sensibilidad artísticas o para favorecer el compadrazgo y la fraternidad al estilo hippy y de las sociedades tribales, ni para abrir las puertas de la percepción como anhelaba el genial A. Huxley, sino para aletargar y fiscalizar aún más a las masas. No olvidemos que toda jarra tiene dos asas, una buena y una mala, y así como los psicótropos pueden tener un uso tremendamente positivo, terapéutico, sagrado y creativo, tienen el mismo potencial en sentido contrario. Una sociedad dormida y drogada, como la que se describe en el «Mundo Feliz» de A. Huxley, es una sociedad altamente manipulable y esclavizable a manos de los «propietarios del mundo». Y parece que estamos caminando en esta dirección. El actual uso legal y masificado de opiáceos en EEUU, la marihuana en vías de total despenalización en EEUU y UE, el uso de metanfetaminas en todo el mundo… son drogas apoyadas por una tecnología conscientemente adictiva.

En segundo lugar, tras la liberación indiscriminada del consumo de drogas embriagantes y embrutecedoras a la vez, seguiría el estricto control del dinero, la desaparición del papel moneda en cualquiera de sus formas. No es necesario dedicar aquí tiempo para describir los penetrantes y acelerados intentos de los Estados y de los bancos para que abonemos nuestros dispendios por medios tecnológicos controlados por los gobiernos y por los banqueros. Tarjetas de crédito, de débito, contactless(“sin contacto”), pay paly todo lo demás que nos evita tener que cargar con dinero físico. El argumento se repite sin cesar: por nuestra seguridad, por nuestra comodidad, para mayor rapidez en los pagos y, a ello, ahora se suma el para evitar la difusión del coronavirus que, dicen esos medios, se puede transmitir a través del dinero que pasa de mano en mano… Y no se dice nada más, todo por nuestro bien. Pero, en realidad, si lo permitimos también accederemos a que desaparezca el anónimo dinero metálico para que el ministerio de Hacienda y los vendedores tipo Amazon, Google y todos los demás con acceso a nuestros datos, sepan en todo momento de cuánto dinero disponemos, cómo lo hemos obtenido, dónde y en qué lo gastamos, y para que los banqueros decidan sobre nuestro dinero y puedan hacer con él lo que más les convenga. Esta es el asa mala si permitimos la desaparición del dinero en metálico.

Creedme, hay que entender el dinero como una de las formas contemporáneas de cristalización de la energía, como un medio de intercambio de energía, nada más. Antaño, la energía personal y familiar tenía la forma de cabezas de ganado, tierras y bosques propiedad de la familia, del número de esclavos cuando estaba permitida la esclavitud y en otras formas similares. Actualmente, la energía cristaliza en forma de dinero y cuando se entiende bajo esta clave interpretativa, la relación con el dinero cambia para bien de todos. ¿Cuál es la principal característica de toda forma saludable de energía? El movimiento, la constante transformación. El dinero es útil para la sociedad cuando se usa para crear bienes reales, para generar puestos de trabajo, para financiar la investigación científica y el pensamiento crítico. Cuando simplemente se acumula se convierte en un factor peligroso y en enfermedad. Si permitimos que los Estados y los bancos nos controlen completamente hasta el último céntimo, habremos perdido la autonomía y la libertad. Eso, al margen de las masas que quedarán fuera del sistema. ¿Qué banco va a dar una tarjeta de crédito a un mendigo, a un vendedor ambulante sin ingresos fijos o a un obrero con trabajo inseguro y mal pagado? Con el dinero —la energía personal— completamente controlado por los Estados no habrá libertad ni la menor posibilidad inmediata de transformación.

 En tercer lugar, tras adormecer las masas de forma permanente y quitar la capacidad para que cada uno decida qué hace con su energía, con su dinero, vendrá el tercer paso: la robotización total de la sociedad, que está llamando a la puerta. Con la robotización del mundo habrá ingentes masas humanas que se quedarán sin trabajo y sin posibilidad de conseguirlo nunca, pero ya estarán bajo un total control de los gobiernos y/o de las corporaciones mundiales. Y el trabajo, no nos engañemos, tal vez sea una maldición de Dios, pero es lo que nos da vida, es lo que nos permite sentirnos orgullosos de nosotros mismos, es la actividad a través de la que aportamos algo útil al mundo, es la vía  —o debería serlo— para sacar y compartir lo mejor de cada persona, es un espacio donde se dan relaciones humanas de solidaridad y de cooperación  —sí, también de lo contrario—. Me puedo imaginar millones de personas cobrando un salario mínimo vital para que no mueran de hambre y para evitar revueltas sociales, asqueados como un jubilado a los 40 años, sabiendo que le queda la mitad de la vida por delante para «matar el tiempo» con insubstanciales actividades de ocio.

También podría ser que la sociedad, dando un salto ahora difícil de imaginar, decidiera de forma mayoritaria dedicar el tiempo que no necesita para subsistir al desarrollo espiritual y artístico. En mi opinión, esta sería la única vía para no caer en el embrutecimiento y en la infantilización derivadas de esperar que papá-Estado se ocupe de mis necesidades. Sinceramente, no tengo mucha esperanza porque no suele ser la manera habitual de actuar de la gente, pero nunca sabemos lo que nos espera tras la próxima curva del camino. Así que tampoco me dejo atrapar por la desesperanza.

Tengo la certeza de que lo que esté por llegar será completamente nuevo y ahora inimaginable. Se han hecho estudios antropológicos y psicológicos sobre los sistemas emergentes (sugiero la interesante obra de Steven Johnson, Sistemas emergentes) y, a menudo, la inteligencia natural de una especie genera soluciones imprevisibles hasta el momento, soluciones que tienen alguna relación con el inconsciente colectivo y que representan un quiebro con lo conocido hasta el momento. Tras cada crisis se alumbra un mundo nuevo y, aunque ahora no sabemos mucho sobre el que va a llegar, requerirá un cambio drástico en los hábitos de consumo, en las formas de vida y en la estructura del trabajo, o bien, como explicó el arqueólogo E. Carbonell en una entrevista reciente, esta será la última pandemia que sufra la humanidad. La situación requiere que estemos más despiertos y calmados que nunca ya que, cuando una persona está interiormente en paz, responde mejor a los requerimientos del mundo.

Desde que empezó el confinamiento pedí a varias docenas de personas que me mandaran los sueños nocturnos que fueran teniendo durante este periodo. Como etnopsicólogo y analista de sueños, sé que el inconsciente suele anunciar lo que necesita la persona en su proceso de individuación, y lo que se está prefigurando desde la oscuridad de la psique. No he tenido aún tiempo de encerrarme a estudiarlos, y ya son varios cientos de historias oníricas las que estoy acumulando. Un vistazo rápido indica que la sombra colectiva está acercándose a la frontera conductual en forma de parasomnias y de disomniascon terrores nocturnos.

Si no conseguimos que haya un número mínimo de personas que se esfuercen por integrar esta parte oscura de nuestra psique, que dediquen tiempo a conocerse a sí mismas y a aceptar las fuerzas del inconsciente, número que cifré en el 3% de la sociedad occidental, me temo que esta crisis durará más de lo que ahora podemos ver. Estemos despiertos ante lo que deciden hoy nuestros gobiernos y ante el adormilamiento y el control casi absoluto al que nos están sometiendo las corporaciones multinacionales y la tecnología de consumo.

En el cambio que nos espera tras el “octavo día” deberíamos ser capaces de concebir toda la humanidad como un tapiz bellísimo. Al igual que el conjunto de los hilos de lana o seda de una alfombra persa constituyen su textura, cada hilo tiene por sí mismo una integridad y una cualidad naturales. Cuando son puestos juntos, la integridad de cada hilo aislado se magnifica hasta alcanzar una inspirada belleza de conjunto. El hilo individual no pierde su carácter ni su personalidad propios, sino que se ofrece de buena gana para sumarse a la producción de una cosa útil y sublime.

Cada persona sola, individualmente, tiene una integridad, una cualidad de ser y una existencia muy válida. Pero cuando dos personas actúan de manera armónica y complementaria generan un valor extra, una realidad que es más elevada que la mera suma de dos individuos. Y un conjunto de personas trabajando, pensando, sintiendo y ofreciéndose unidas para alcanzar un objetivo grande, con la entrega consciente de cada una de ellas  —como están haciendo, por ejemplo, los sanitarios españoles para hacer frente a la pandemia con los escasos recursos materiales de que disponen— resulta un conjunto capaz de producir algo de belleza extraordinaria.

Ésta es nuestra función individual y nuestra responsabilidad en una época de profunda transformación. Debemos asumir libremente tal responsabilidad y llevar a cabo las actividades que conlleva con alegría, humildad y aceptando el trabajo duro que acompaña el compromiso. Con el entusiasmo sereno y la confianza de que la solidaridad se abrirá paso entre las amenazas que vienen del egoísmo, del miedo y de la confusión que algunos políticos están causando, os invito de nuevo a mantenernos despiertos para no caer en el engaño del caramelo fácil e infantil de las corporaciones multinacionales. Cinco personas unidas aguantan la carga de veinte.

 

Can Benet Vives
20 de abril 2020

 

 

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